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La cultura tolteca es una cultura arqueológica mesoamericana cuyo centro ceremonial principal fue la ciudad de Tollan-Xicocotitlan, localizada en lo que actualmente se conoce como Tula de Allende en el estado de Hidalgo. El gentilicio deriva del náhuatl toltécatl, que originalmente designa a los nativos de los lugares llamados Tollan, pero que después, durante la época mexica, pasó a ser sinónimo de artesano o artista.
Los toltecas fueron la etnia dominante de un territorio cuya influencia se extendía hasta el actual estado de Zacatecas y al sureste en la península de Yucatán. La relación entre los toltecas y los mayas del período posclásico ha sido objeto de grandes controversias.
Entre los años 650 y 800 de nuestra era, Mesoamérica sufrió cambios radicales por la desaparición de grandes centros como Teotihuacan, Monte Albán, Palenque, etc., que hasta entonces habían regido la política y la economía de la región Mesoamericana. Esto originó que muchos de sus habitantes emigraran en busca de nuevos horizontes, surgiendo nuevos pueblos que se mezclaron con los herederos de las antiguas tradiciones y juntos crearon una nueva integración política, cultural y social, consolidando nuevas ciudades y naciones.
Después de la caída de Teotihuacan hacia el año 700 d.C., hubo en Mesoamérica varios siglos de confusión, cambió la índole de su civilización, las ciudades sin fortificaciones y gobernadas por sabios sacerdotes se desmoronaron y dieron lugar a ciudades guerreras y a religiones más belicosas. Una de las tribus que irrumpió en Mesoamérica fueron los toltecas, un grupo de habla náhuatl que sometió a los nonoalcas, descendientes de los teotihuacanos. Al mezclarse los invasores, con los habitantes de los valles del actual estado de Hidalgo, establecieron una gran ciudad hacia el año 950 d.C., Tollan-Xicocotitlan, fundada por Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, tuvo una existencia de 499 años como centro rector del pueblo tolteca, más tarde fue arrasada por tribus neochichimecas en el año 1170 d. C.
La historia de los Toltecas comienza con una leyenda que los describe como una tribu Chichimeca que viene del norte a principios del siglo X, conducida por un rey llamado Mixcoatl y que se establece en Culhuacan. No se sabe con exactitud si Mixcoatl existió o fue solo leyenda, pero su hijo Topiltzin vivió realmente y es el primer personaje de carne y hueso que aparece en la Historia de México. Esta civilización se desarrolló entre 850 y 1170 d. C.
En ese sentido, los toltecas (náhuatl: tōltēcah; ‘maestros constructores’), fueron los miembros de una cultura precolombina que dominó la mayor parte del centro de México entre los siglos IX y XII. Mucho de lo que se conoce de los toltecas está envuelto en mitos. Su lengua, el náhuatl, también fue hablada por los aztecas.
En sus escritos, el antropólogo e historiador mexicano Miguel León-Portilla explica que de acuerdo a la leyenda de los nahuas, los toltecas fueron los creadores de toda civilización, y su ciudad, Tula, fue descrita como llena de maravillas. Cuando los aztecas reescribieron su historia, trataron de demostrar sus vínculos con los toltecas.
El pueblo tolteca es uno de los más interesantes del México Antiguo, tanto por el recuerdo de sus virtudes como por su organización. Aumenta ese interés el misterio de su origen, pues no todos los historiadores están conformes con que fueran una mezcla de nahuas y olmecas, sino que algunos los creen nahuas puros y otros suponen que arribaron ya como toltecas. Lo cierto es que son los padres de todas las grandes culturas del Centro de México.
Tollan (“Lugar de tules”), cerca del río Tula, fue su capital. Allí levantaron edificios adornados con columnas en forma de guerreros llamados Atlantes. También esculpieron figuras de jaguares, coyotes y águilas devorando corazones. Hacia el año 1,050 d.C., los toltecas habían convertido a Tula en una gran ciudad, capital de un imperio que dominaba el centro de México y extendía su influencia a regiones muy alejadas. En Tula, la función política estaba ligada a la religiosa y el centro urbano era la sede del gobierno y de la religión. En el año de 1094 d.C. Papantzin descubrió el aguamiel, que se extrae del maguey y que fermentado sirve para la elaboración del pulque.
Conocidos en su tiempo como un pueblo culto y de excelentes prendas, llevaban fama de ser nobles, corteses, respetuosos de sus semejantes, suaves y atentos en sus tratos personales, leales y sinceros. Las mujeres eran sencillas y hacendosas, excelentes madres y esposas y muy entregadas a los deberes del hogar. Los padres educaban a sus hijos con esmero, y para la formación de sus sabios sacerdotes y sus ilustres gobernantes debieron de tener buenas escuelas, pues en el seno de la familia no se pueden alcanzar los grandes conocimientos que su elevada cultura demuestra.
Eran maestros en todas las artes, mayores y menores. Tenían conocimientos sobre la fundición del metal, el trabajo de la piedra, la destilación y la astronomía. Eran notables arquitectos, que llenaron de pirámides y templos esplendorosos la región que habitaron. Eran grandes escultores, usando este arte principalmente para adornar sus monumentos arquitectónicos, con estupendos relieves que representaban a sus dioses; pero también modelaban estatuas sueltas y estelas o piedras aplanadas en las que se trazaban bellos relieves. Su arquitectura y su arte reflejan influencias de Teotihuacan y de la cultura Olmeca.
Fueron estupendos pintores, y aunque el tiempo ha borrado sus obras, los restos de ellas dan idea de su gran dominio del colorido. Eran también excelentes ceramistas, joyeros, tejedores y bordadores. El Valle de México y sus extensiones hasta una distancia de más de 100 kilómetros muestran restos valiosísimos del genio artístico de los toltecas. Entre los pueblos nahuas de la época de la conquista, la palabra tolteca significaba alguien sabio que dominaba las artes y artesanías, y la palabra toltequidad equivalía a lo que hoy llamaríamos, alta cultura.
Los sacerdotes toltecas eran hombres que poseían una sabiduría extraordinaria. Cultivaban la aritmética y la geometría, la astronomía y la medicina; inventaron un sistema de escritura jeroglífica y componían en ella poesías y cánticos. Una versión ficcionalizada de los toltecas se ha hecho famosa en años recientes entre los jóvenes lectores de todo el mundo, a través del antropólogo brasileño y escritor Carlos Castaneda.
En la medida del tiempo alcanzaron una perfección casi tan grande como los mayas. Al igual que éstos, tenían un triple calendario: religioso, solar, y uno fundado en los movimientos de Venus, el resplandeciente lucero del alba. La combinación de estos tres calendarios era también semejante al de los mayas. Tenían el mismo número de días y coincidían sus principios cada 52 años mayores; pero los toltecas daban a estos ciclos combinados una significación extraordinaria, pues al principio de cada uno, es decir, cada 52 años, celebraban su fiesta más grande, que se llamaba fiesta del fuego nuevo. Los progresos científicos que revelan tan perfecta medida del tiempo nos llenan de admiración.
Si bien es cierto que los toltecas tuvieron una gran influencia entre los mayas, no está comprobado que hubiera una presencia militar en la península de Yucatán. De lo que si se puede hablar es de una gran influencia comercial, política-religiosa en la zona, al grado que se ve reflejada básicamente en la arquitectura de muchas estructuras, como son El Castillo, el Templo de los Guerreros, de una fusión estilo Puc (seguramente influenciada por Uxmal), con diseño tolteca, así como de la presencia del Chac mool típico de Tula. La incursión de Quetzalcóatl como deidad, es otro importante elemento tolteca reflejado en Kukulkán entre los mayas.
Extendieron su influencia mediante la guerra y el comercio, tomaron de otras culturas formas distintas de trabajar la tierra y de construir templos o casas, obtuvieron riqueza y dominaron territorios, los pueblos sometidos pagaban tributo a cambio de protección militar. La guerra adquirió así entre los toltecas mayor importancia de la que tenía en las culturas que florecieron en el periodo Clásico. Aparecen militares profesionales que se identifican con ciertos animales como los guerreros águila, jaguar o coyote. En adelante, el predominio de los guerreros se hizo más intenso y el espíritu militarista caracterizó a todas las culturas del Posclásico.
Recibían artículos tan distintos como cerámica de Centroamérica y turquesa extraída del actual Nuevo México. A su vez, los productos de Tula se han encontrado en lugares tan alejados como Honduras y el sur de Estados Unidos de Norteamérica. Una prueba de la hegemonía cultural se refleja en la cerámica de Mayapán y Matlazinca con símbolos toltecas que se encontraron en lugares muy lejanos de su territorio como en Costa Rica.
Los toltecas dominaron un amplio territorio, pero no por mucho tiempo. El final de Tula se parece al de Teotihuacan, hacia 1,170 d.C. la ciudad y su centro ceremonial fueron prácticamente destruidos; sin embargo, la influencia de los toltecas sobrevivió en varios sitios. Tal es el caso de Chichén Itzá, en la región maya en Yucatán, cuya arquitectura y esculturas, como el Chac mool, se parecen extraordinariamente entre sí. Sobresale además Xochicalco con su bella pirámide, adornada con emblemas del dios Quetzalcóatl.
La ruina de Tula favoreció la entrada de otros pueblos al altiplano, varios se asentaron en Tenayuca y a Texcoco llegaron nahuas de la Mixteca. Algunos grupos de toltecas se habrían retirado a la famosa Cholula, cuyas numerosas ruinas de viejas pirámides, algunas monumentales, sirven a menudo de base a templos cristianos, que posee actualmente en gran cantidad, se dice que uno por cada día del año. La ciudad cayó sólo siglos más tarde, cuando fue saqueada y quemada por Hernán Cortés y los conquistadores españoles.
En los años cuarenta del siglo pasado, un grupo de antropólogos mexicanos designó a la ciudad de Tula, como Tollan, la mítica capital de los Toltecas, pero algunos arqueólogos, como Laurette Séjourné criticaron la medida, señalando que después de varias etapas de excavación, no se había revelado una ciudad suficiente para justificar la leyenda de los toltecas, señalando que el origen de Tollan y de la leyenda debería ubicarse en Teotihuacan, al ser el pueblo de Tula uno de los refugios de los sobrevivientes de Teotihuacan y por ello se ostentaban como Toltecas.
El historiador mexicano Enrique Florescano, miembro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha retomado esta interpretación, basándose en las menciones de textos mayas anteriores a Tula, que se refieren a Teotihuacan como Tollan. Esta explicación se basa en que su ciudad es un mapa de la traslación de Venus, el cual señala su recorrido alrededor del sol. Cerca de ahí esta una montaña llamada Xicuco (Shicuco) que en náhuatl es Ombligo, cuyo significado para los toltecas es entre lo interior y lo exterior y hace una vez más referencia a Venus, esta montaña tiene que ver con su arquitectura vista desde sus edificios, que simbolizan los ciclos antes mencionados de Venus, sin olvidar que este astro aparece en las mañanas como un lucero en el horizonte, el cual recibe el nombre de Citlalith (estrella del amanecer).
Estos ciclos hacen referencias a las etapas de Quetzalcóatl para poder ser hombre/Dios, que representan las etapas de los humanos (en el catolicismo nacimiento/vida/resurrección). Esta representación fue muy significativa, prueba de ello es que en el traje de los Atlantes, se encuentran representadas todas estas etapas, como el espejo negro que hace que Quetzalcóatl, vea sus errores para purificarse.
Arquitectura
Es indudable que los toltecas aportaron cambios importantes en cuanto a las normas arquitectónicas que existían en Mesoamérica en el siglo X, uno de ellos es el empleo de esculturas antropomorfas que sostenían con la cabeza el techo de una habitación, logrando así un gran espacio interior, como se aprecia en el templo de Tlahuizcalpantecuhtli El Señor del Alba.
Se estima que Tula albergó alrededor de 30 000 habitantes los cuales vivían en grandes complejos de un solo piso con techos planos básicamente de piedra y tierra y acabados en adobe. Excluyendo la zona ceremonial, el diseño de las zonas habitacionales de Tula reflejan un plano cuadricular que definían claramente diferentes barrios. En el ámbito doméstico poseían tres distintos clases de conjuntos habitacionales, el grupo de casas, las unidades residenciales y las residencias palaciegas.
De los elementos arquitectónicos más significativos está la pirámide B con sus llamados “Atlantes”, figuras de guerreros de 4.60 m de altura y que alguna vez sostuvieron el tejado de un templo. Según los estudios estos atlantes estaban decorados con mosaicos enjoyados y plumas. Restos de pintura indican que probablemente fueron pintados para representar al guerrero tolteca-chichimeca de Mixcoatl (padre de Quetzalcóatl) o al dios estrella de la mañana “Tlahuizcalpantecuhtli”, aunque también construyeron columnas en forma de serpientes emplumadas, con la cabeza al suelo y la cola hacia arriba, sosteniendo el dintel que formaba parte de la entrada a la gran habitación.
Los restos de Tula incluyen tres templos piramidales, de los cuales el más grande está rematado por los Atlantes en forma de estilizadas figuras humanas. También destacan los frisos arquitectónicos de Tula que representan guerreros, animales poderosos como el jaguar y a Quetzalcóatl. Se dice también que la ciudad de Tula fue unas de las más difíciles de convertirse al cristianismo; que Sahagún era el encargado de hacerlo, ya que tenían muy bien estudiadas sus creencias. El misionero aprovechó el significado de la montaña Xicuco, con el Sol sobre la misma, que era una de las etapas de Quetzalcóatl donde surge como sol y Dios, Sahagún lo representó simbólicamente como un flor para que los Toltecas asimilaran sus ideas y pudiesen ser convertidos al Cristianismo.
Según la leyenda, en torno al año 1000 d.C., al ser desterrados Quetzalcóatl con sus seguidores, abandonaron Tula y se desplazaron al sur, donde posteriormente desarrollaron la ciudad maya de Chichén Itzá, convirtiéndola en su capital y en un importante centro religioso. El Chac mool representa al mismo Quetzalcóatl saliendo de la etapa del fuego escondido debajo de la tierra, representación que entrega el mismo fuego a la superficie, que es cuando Venus no aparece en el horizonte.
Religión
Su religión del tipo chamánico, no requería de lugares de culto permanente y era panteísta ya que adoraban a las fuerzas de la naturaleza, el cielo, el agua, la tierra. Sin embargo, su mundo religioso ha generado una gran figura de múltiple influencia en distintas culturas de su tiempo y grandes resonancias en la historia moderna de México: Quetzalcóatl, el dios principal del mundo prehispánico. Los toltecas consideraban que todo el Universo tiene una naturaleza dual o polar, es decir una doble condición.
Creían que el Ser Supremo lo integraban por un lado Quetzalcóatl “serpiente emplumada”, hombre y sacerdote, dios del bien que crea al mundo y símbolo de inteligencia de ese pueblo, era complementado por Tezcatlipoca, “su humo del espejo”, dios de la noche y las tinieblas, quien por el contrario destruye al mundo y habría enviado al destierro al mismísimo Quetzalcóatl, sin embargo otra tradición declara que se habría ido voluntariamente en una balsa de serpientes, prometiendo su próximo regreso. Otros dioses principales fueron Tláloc, dios de la lluvia y Tonatiuh, dios del Sol importantes dentro de la cosmogonía prehispánica.
Sociedad y economía
La sociedad tolteca se dividió en dos clases. El grupo privilegiado lo formaban jerarcas militares, funcionarios, el supremo gobernante y los sacerdotes, quienes estuvieron al servicio de la casta militar y se encargaban de atender el culto, los calendarios y la cuenta del tiempo. Los jefes guerreros subordinaron todas las actividades a sus intereses particulares; conquistaron grandes extensiones territoriales para formar un gran imperio cuyas fronteras fueron sólo superadas por los aztecas. La clase explotada estaba integrada por los trabajadores agrícolas y artesanos (pintores, lapidarios, carpinteros, albañiles, alfareros, hilanderos, tejedores, entre otros).
La economía se basaba en una agricultura de extensos campos de cultivos irrigados por complejos sistemas de canales, para producir maíz, frijol, chile, algodón, maguey para la elaboración del pulque y el amaranto, que eran los principales cultivos; así como la producción de artesanías como el hilado y tejidos de prendas de algodón. Al igual que en otros estados mesoamericanos, el comercio jugaba un papel fundamental para la obtención de materias primas y bienes de lugares muy alejados. Además de estas actividades, también se dedicaban a la explotación de minas con cal y otras actividades.
El amaranto (huautli), nombre con el que se le conoce en la actualidad, fue en época prehispánica un cultivo básico en diversas culturas del país, entre ellas la que se asentó en Tula como lo refieren evidencias arqueológicas y datos etnohistóricos sobre su cultivo. De hecho, las provincias de Ajacuba y Jilotepec, donde quedaba comprendida Tula, durante el Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), entregaban a la Triple Alianza (Tenochtitlán-Texcoco-Tlacopan) tributo con maíz, frijol y amaranto, lo cual indica que esta planta era un cultivo importante durante ese período.
De acuerdo a investigaciones realizadas en Tepetitlán, área rural de Tula, los especialistas Guadalupe Mastache y Robert Cobean descubrieron que el amaranto fue esencial en la alimentación de la cultura Tolteca, ya que evitó que estas tribus pasaran hambrunas durante las épocas de sequías. Actualmente con el amaranto se producen golosinas llamadas “alegrías”, una mezcla de amaranto con miel, cacahuate y pasitas.
La arqueóloga especialista en paleobotánica Nadia Vélez Saldaña, descubrió que esta semilla, no sólo fue importante para la población de la zona, sino también en toda Mesoamérica, debido a que era una planta fácil de cultivar, que crece en toda clase de terreno y se almacenaba en ollas de barro por largos períodos de tiempo, sin descomponerse. Lo anterior asociado a su alto valor nutritivo, lo llevó, en ocasiones, a ser considerado el cultivo más importante de Tula, incluso sobre el maíz.
El amaranto no sólo fue utilizado como alimento, sino también como parte de las ofrendas y rituales; el uso del grano fue documentado por Sahagún y otros cronistas, quienes describen su utilización en algunas ceremonias donde se usaban figurillas hechas con amaranto aglutinando que eran elaboradas con la técnica que hoy en día se utiliza para fabricar los dulces de “alegría”. Su importancia ritual pudo ser la causa de su prohibición a partir de la Conquista, al decrecer su cultivo hasta casi desaparecer de algunas regiones, durante la época Colonial.
El estilo cerámico Tolteca más antiguo y que antecede a la fundación de Tula, conocido como Coyotlatelco, se caracteriza por el color rojo y café de sus vasijas. Más tarde, se desarrolla un tipo de cerámica conocida como estilo Mazapa, cuya dispersión por gran parte de Mesoamérica se asocia a la expansión política de los toltecas. Sus formas alfareras más sobresalientes son escudillas con su interior decorado con líneas rectas u onduladas, pintadas de rojo intenso. A la par de ese estilo existe una cerámica llamada “Plumbate”, originaria de Guatemala, que es una de las pocas alfarerías del Nuevo Mundo con superficies que aparentan estar vitrificadas, gracias a la pintura con pigmentos minerales y su cocción a altas temperaturas.
Teorías actuales
Algunos mesoamericanistas postulan la existencia de una auténtica civilización tolteca histórica que fue mitificada por otras civilizaciones del Posclásico y tratan de discernir el verdadero propósito de los mitos, por ejemplo, al distinguir entre el gobernante tolteca histórico llamado Quetzalcóatl y la deidad del mismo nombre. Esta escuela de interpretación lee las fuentes etnohistóricas y trata de encontrar la confirmación en estas historias a través de la arqueología. Sin embargo esa distinción es imposible o muy difícil de conseguir porque los pueblos mesoamericanos en sí no hacían ninguna distinción entre los hechos históricos y míticos y las representaciones metafóricas del hecho histórico.
Otro grupo de investigadores no acepta este método tan fructífero, ya que al basar la comprensión de la historia Mesoamericana de relatos míticos que no pretenden reflejar la historia real, puede dar lugar a interpretaciones sesgadas de los hallazgos arqueológicos. En su lugar, prefieren que la arqueología hable por sí misma e interpretan las fuentes etnohistóricas para corroborar más que definir los hallazgos arqueológicos.
Como ya se ha señalado, entre los pueblos Nahuatl la palabra Tolteca era sinónimo de artista, artesano o hombre sabio, y “toltecayotl” “Toltecness” significan el arte, la cultura, la civilización y el urbanismo, y fue visto como el opuesto de “Chichimecayotl” o ” Chichimecness “, que simbolizan o significan el salvajismo, estados o pueblos nómadas que aún no se habían urbanizado.
Esta interpretación sostiene que cualquier gran centro urbano de Mesoamérica podría ser denominado” Tollan “y sus habitantes como los toltecas, era práctica común entre los linajes gobernantes del Postclásico en Mesoamérica ligarse con ellos para fortalecer sus pretensiones de poder. Las reclamaciones de ascendencia tolteca y una dinastía fundada por Quetzalcoatl han sido hechas por civilizaciones tan diversas como los aztecas, Quiché e Itza Mayas.(jal)
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Más información http://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_tolteca
http://www.historiacultural.com/2010/02/cultura-tolteca-mesoamerica-mexico.html
http://www.homines.com/arte/cultura_tolteca/index.htm
http://historiadelartemex-tecm.wetpaint.com/page/Cultura+Tolteca
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¿cómo hacian llegar agua los toltecas a los terrenos de cultivo?
Susana: saludos, los toltecas usaban un método mesoamericano antiguo de agricultura, la chinampa, que es una balsa, de armazón hecha con troncos y varas, en ocasiones de considerables dimensiones, sobre la que se deposita tierra vegetal debidamente seleccionada con materias biodegradables como pasto, hojarasca, cáscaras de diferentes frutas y vegetales, etc. En la chinampa se sembraba un sauce para que sus raíces crecieran desde el agua hasta la tierra firme en la ribera de lagunas y arroyos, y luego de que el sauce crecía, sembraban diferentes cultivos que luego cosechaban.
Los aztecas llevaron a las chinampas a su máximo desarrollo,con el que ampliaron el territorio en la superficie de lagos y lagunas del Valle de México, e hicieron de México-Tenochtitlan una ciudad flotante.
me podrias decir cuales eran los utensilios y artefactos de los toltecas?
Termina de leer el artículo, ahí encontrarás las respuestas, saludos