Fragmentos de la entrevista concedida vía correo electrónico a Jacinto Antón y publicada en el suplemento cultural Babelia, del diario español El País (24 de marzo 2012).
William Gibson (Conway, SC, EUA, 1948), destacado escritor de ciencia ficción norteamericano-canadiense, conocido como el profeta del Cyberpunk, quien acuñó el término ciberespacio en su novela Neuromante (1984), antes de la aparición global del internet y quien predijo la importancia de los reality shows en nuestras vidas.
Pregunta.- Cada vez veo más parecido entre su escritura y la de Ballard. El sentimiento de enajenación de la realidad por las descripciones. Lo cotidiano se vuelve extraño y extravagante simplemente por una cuestión de foco. ¿No era Ballard el que decía que la Tierra es el verdadero planeta alienígena? Es la mirada ¿verdad?
Respuesta.- Ahora pienso menos en Ballard. Tal vez debido a que él era tan bueno en lo que hacía. Hoy en día me parece que habitamos su mundo sin darnos cuenta. La cultura de la “televisión de la realidad” (reality shows), por ejemplo, da la impresión de que existe porque él la imagino en los años setenta.
P.- ¿Le parece que las drogas han retrocedido en el escenario social en proporción inversa al ascenso de un progresivo sentido de la irrealidad fomentado por las nuevas tecnologías? Usted menciona unas cuantas en sus libros: de la dextroanfetamina brasileña al antagonista paradójico.
R.- Para mí la mejor manera de analizar las drogas es como medio de alterar lo que recibimos de lo que nos rodea. Se convierten en un problema cuando decidimos que constituyen información (o datos). La retórica de los setenta suponía que, por ejemplo, el LSD era información. Pero hoy diría que eso equivale a creer literalmente que la camarera es más guapa después de la tercera cerveza.
P.- ¿Y que opina de la cirugía estética? Usted ya avanzó su expansión en forma de implantes.
R.- En mis primeros relatos sugiero que la cirugía cosmética tendrá como resultado una uniformidad realzada, una relativa falta de variedad. Creo que hoy en día podemos verlo, hasta cierto punto. Los países interesantes para observar en ese sentido serán las economías emergentes, India, Brasil, por ejemplo.
P.- Perdonará que le pregunte por el Ciberespacio, el suyo de 1981 y el de ahora. ¿Cuál es su relación actual con las nuevas tecnologías? ¿Twitter? ¿Qué opina de Google y su papel en el conocimiento?
R.- Cuando empezó era sin duda más fácil ver esas cosas objetivamente, desde fuera. Todavía no constituían nuestra cultura, como sí lo hacen hoy. Ahora me he convertido en una persona a la que le resulta difícil imaginar (o recordar) el mundo antes de internet, como nos pasa a la mayoría. Todavía nos cuesta aprehender la profundidad del cambio.
P.- ¿Es el libro electrónico el verdadero Fahrenheit 451?
R.- El e-book no es más que una nueva plataforma para el medio masivo más antiguo. Los editores (en le sentido tradicional) ya no gozan de un relativo monopolio sobre los medios de producción. Pero no estoy seguro de cuál será el futuro de esto.
P.- La Web: he leído que le gusta más la metáfora de pescar que la de surfear o circular por la autopista de la información.
R.- Yo siento que soy un flàneur de internet. el “arte de la deriva” de los situacionistas ha adoptado una realidad muy diferente, para nosotros.
P.- En la protagonista de Historia Cero, que ha permanecido ajena al sistema por una década, me parece discernir una añoranza de sus tiempos underground. ¿Continúa admirando a William Burroughs, Ginsberg, la contracultura? ¿Qué opina de los antisistema?
R.- Creo que nunca llegaremos conocer un sistema tan plenamente como cuando hemos estado fuera de él, en algún sentido. Pero el sistema fuera del sistema siempre es otro sistema. Sospecho que los bohemios ya no son posibles de la misma manera, puesto que ahora los utilizamos como herramientas de marketing, fuentes de curiosidad, apenas nos enteramos de us existencia.
P.- ¿Qué ha sido del ciberpunk? A usted nunca le gustó la etiqueta, que era una forma de meterles en el sistema.
R.- se convirtió en un sabor particular de la cultura popular, un ejemplo de la etiqueta periodística que termina devorando aquello que se inventó para describir. De todas maneras me parece que el impulso original ha sobrevivido a esa etiqueta carnívora. Hoy en día prosperan impulsos de escritura similares al ciberpunk.
P.- ¿Cuándo mira hacia atrás se da cuenta de alguna manera de la trascendencia de lo que ha escrito? ¿Es consciente de esa propiedad oracular de sus novelas?
R.- Dedico un tiempo exagerado a negar lo oracular de mi obra. Confundimos la capacidad de reconocer lo extraño del momento actual (el futuro que ha llegado) con una especie de videncia del futuro. Yo no soy un vidente, sino alguien que sabe mirar lo extraño de la existencia. Cuando leo historia, lo que me atrapa es lo extraño, no la familiaridad de una narrativa conocida. Aunque creo que la historia nunca es una narrativa: es una construcción especulativa, como la ciencia.
P.- El siglo XXI ha arrancado más extraño y variopinto que cualquier siglo XXI de ciencia ficción, ¿Dónde deja eso al género?
R.- Creo que el género es problemático, pero la ciencia ficción no. La ciencia ficción prospera, pero no necesariamente dentro del género.
P.- ¿En que manera los cambios tecnológicos condicionan la cultura?
R.- Las tecnologías emergentes han sido los impulsos centrales del cambio cultural humano. Nuestras ideologías son reacciones a nuestras tecnologías. Marx respondía a las realidades sociales de las tecnologías de la industrialización. Marx estaba impulsado por la tecnología.
P.- Usted nunca ha creído que el papel de la ciencia ficción sea imaginar el futuro, pero qué piensa que nos va a atraer este a mediano plazo ¿teletransportación, vida artificial?
R.- Es menos imaginable que nunca.
P.- Parece que los teléfonos móviles se les han escapado a todos los escritores de ciencia ficción ¿tan difíciles eran de imaginar?
R.- En los años treinta Dick Tracy usaba ya radios de muñeca. Sospecho que los teléfonos portátiles nunca han sido una herramienta de la ficción futurista porque les habrían dado demasiado trabajo a los escritores, puesto que interfieren con demasiados elementos de la estructura narrativa tradicional.
P.- ¿Viven los jóvenes con su inmersión en lo digital, en un tiempo diferente de las generaciones adultas?
R.- Sí, pero eso no tiene nada de nuevo. La radio y la televisión fueron algo muy importante a su manera.
P.- ¿Qué opina de la crisis financiera global? ¿No le parece un escenario de ciencia ficción?
R.- Podría decirse que es la primera crisis posmoderna, ya que los instrumentos financieros parecen brutalmente posmodernos en sus raíces evidentes. ¡El pensamiento de quienes los crearon se asemeja más que ninguna otra cosa a la teoría literaria posestructuralista!










