
(12 de febrero de 1809 – 19 de abril de 1882) científico inglés abocado al estudio del naturalismo, que postulaba que todas las especies de seres vivos, evolucionan con el tiempo a partir de un antepasado común y mediante un proceso denominado selección natural.
La evolución era aceptada como un hecho por la comunidad científica y por buena parte del público en vida de Darwin, mientras que su Teoría de la evolución mediante selección natural, no fue considerada como la explicación primaria del proceso evolutivo sino hasta los años 1930. La teoría Darwiniana constituye actualmente la base de la síntesis evolutiva moderna y sus descubrimientos científicos son el acta fundacional de la biología como ciencia, ya que constituyen una explicación lógica que unifica las observaciones sobre la diversidad de la vida.
Intrigado por la distribución geográfica de la vida salvaje y por los fósiles que recolectó en su periplo, el joven Darwin investigó sobre el hecho de la transmutación de las especies y concibió su teoría de la selección natural en 1838. Su obra fundamental, El origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida, publicada en 1859, estableció que la explicación de la diversidad que se observa en la naturaleza, se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución a lo largo de las sucesivas generaciones. Trató la evolución humana y la selección natural en su obra El origen del hombre y de la selección en relación al sexo y posteriormente en La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. También dedicó una serie de publicaciones a sus investigaciones en geología y botánica.
Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury, Shropshire, Inglaterra, en el hogar familiar, llamado “The Mount” (El monte). Fue el quinto de seis de los hijos de Robert Darwin, un médico y hombre de negocios acomodado, y Susannah Wedgwood proveniente de una distinguida familia. A temprana edad Charles muestra predilección por la historia natural y por el coleccionismo de ejemplares, al incorporarse a la escuela de la capilla donde asistía con su familia a los oficios religiosos unitaristas. En julio de 1817 falleció su madre cuando tenía escasos ocho años de edad.
A los 16 años Darwin acompaña a su padre como aprendiz de médico, ayudándole a asistir a los necesitados, poco antes de marchar con su hermano Erasmus a la Universidad de Edimburgo (capital de Escocia), donde encuentra las clases tediosas y la cirugía insufrible, de modo que no se aplica a los estudios de medicina. Afortunadamente aprende taxidermia con John Edmonstone, un esclavo negro liberto que conocía las selvas de Sudamérica, “hombre inteligente y muy agradable”, con quien se le veía frecuentemente sentado.
En su segundo año en la universidad escocesa, ingresa en la Sociedad Pliniana, un grupo de estudiantes de historia natural cuyos debates derivaron hacia el materialismo radical, colabora en investigaciones sobre anatomía y el ciclo vital de los invertebrados, al presentar algunas colaboraciones escolares. Aprende la clasificación de las plantas y contribuye con las colecciones del museo de la universidad, uno de los mayores de Europa. Un buen día, un miembro de la sociedad, Robert Grant, expuso las ideas sobre la evolución de Lamarck, dejándole estupefacto, pues Darwin acababa de leerlo en los escritos de su abuelo Erasmus, fue una experiencia que le cambia su vida.
La falta de atención a sus estudios de medicina disgusta a su padre, quien lo envía a Cambridge, al Christ´s Collage, para obtener un grado en letras como primer paso para ordenarse como pastor anglicano. Darwin llega en enero de 1828, prefiere la equitación y el tiro al estudio. Su primo William Fox le introduce en la moda popular de coleccionar escarabajos, a la que se dedica con entusiasmo y consigue publicar algunos de sus hallazgos.
Se convierte en un amigo íntimo y seguidor del profesor de botánica John Stevens Henslow y conoce a otros importantes naturalistas que contemplan su trabajo científico como una teología natural, al grado que estos académicos lo conocen como “el hombre que pasea con Henslow”. En la proximidad de los exámenes finales, Darwin se centra en sus estudios y concluye el examen final de enero de 1831 en el décimo lugar de una lista de 178 examinados.
Durante este período leyó tres obras que ejercerían una influencia fundamental en la evolución de su pensamiento, una obra de Paley, Teología Natural, uno de los tratados clásicos en defensa de la adaptación biológica como evidencia del diseño divino a través de las leyes naturales; el recién publicado Un discurso preliminar en el estudio de la filosofía natural, de John Herschel, que describía la última meta de la filosofía natural, como la comprensión de sus leyes a través del razonamiento inductivo basado en la observación; y el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, de Alexander Von Humboldt.
Inspirado en su ardiente afán por contribuir, Darwin planea visitar Tenerife (isla del archipiélago español de Las Canarias, frente a la costa atlántica), con algunos compañeros de clase tras su graduación, para estudiar la historia natural de los trópicos. Mientras prepara el viaje, recibe una propuesta por carta donde le proponen un puesto como naturalista sin retribución, como un acompañante de Robert Fitzroy, capitán del legendario barco Beagle, que zarpa con la misión de cartografiar las costas de América del Sur, una expedición que encuentra al principio oposición paterna, por la larga duración del recorrido.
El viaje dura casi cinco años, zarpan de la bahía de Plymouth el 27 de diciembre de 1831 y retornan a casa en Falmouth el 2 de octubre de 1836. Tal como Fitzroy le propone, el joven Darwin dedica la mayor parte de su tiempo a investigaciones geológicas en tierra firme y a recopilar ejemplares, mientras el Beagle realiza su mítica travesía científica para medir las corrientes oceánicas y cartografiar la costa.
Darwin toma escrupulosamente notas durante todo el viaje y envía regularmente sus hallazgos a Cambridge, junto con una larga correspondencia para su familia, que se convierte más tarde en el Diario de su viaje. Tenía nociones de geología, entomología y disección de invertebrados marinos (se sabía inexperto en otras disciplinas científicas), de modo que reúne hábilmente a su paso, gran número de especímenes, que pueden evaluar a su regreso los especialistas en la materia.
En su primera escala, en Santiago de Cabo Verde (archipiélago atlántico situado frente a las costas de Senegal), Darwin descubre para su sorpresa que los estratos blanquecinos encontrados en alturas elevadas en la roca volcánica, contenían restos de conchas.
En Brasil, Darwin queda fascinado por el bosque tropical y asqueado con el espectáculo de la esclavitud. En Punta Alta, cerca de Bahía Blanca en Argentina, realiza un hallazgo de primer orden al localizar en una colina, fósiles de enormes mamíferos extintos, junto a restos modernos de moluscos llamados vivalvos, muertos de manera natural en fecha mas reciente. Cabalga con los gauchos y se dedica a observar la geología y extraer más fósiles. Al mismo tiempo adquiere una perspectiva de los problemas sociales, políticos y antropológicos, tanto de los nativos como de los criollos sudamericanos.
Contempla con asombro la diversidad de la fauna y la flora en función de los distintos lugares. Comprende así que la separación geográfica y las distintas condiciones de vida, eran la causa de que las poblaciones variaran independientemente unas de otras.
En tierra del Fuego, Darwin conoce de cerca la vida de los nativos que habitaban la zona, que le parecieron “salvajes miserables y degradados” y la contrasta con el comportamiento amable y civilizado de tres de ellos que habían recibido una educación inglesa para actuar de misioneros. Para Darwin esa diferencia radicaba en cuestiones culturales y no raciales. Al contrario de sus colegas científicos, comienza a sospechar que no existía una diferencia insalvable entre los animales y las personas.
En Chile fue testigo de un terremoto que le facilita encontrar conchas en las alturas de los Andes y árboles fosilizados que habían crecido al pie de la playa; lo que le permite suponer que al subir los niveles de tierra, las islas oceánicas se hunden formándose así los atolones de arrecifes de coral. En las islas Galápagos que son geológicamente jóvenes, se dedica a buscar infructuosos indicios sobre un “antiguo centro de creación”. En Australia, juzga al ornitorrinco tan extraño como si “dos creadores” hubiesen obrado a la vez. Los aborígenes le parecen “bienhumorados y agradables”.
Fitzroy capitán del barco Beagle, que redactaba la “narración oficial” de la expedición, le pide permiso a Darwin para incorporar su diario en la crónica del viaje. En Ciudad del Cabo (Sudáfrica), concluye después de ordenar sus notas de trabajo, que había numerosas pruebas que desbaratan la teoría de la estabilidad de las especies, los hechos observados le hacen pensar que arrojaban alguna luz sobre el origen de las especies.
Cuando la expedición regresa a Inglaterra, el 2 de octubre de 1836, Darwin se convierte en una celebridad en los círculos científicos, pues Henslow su antiguo maestro había promovido la difusión de sus hallazgos. El padre de Darwin dispone de inversiones que permiten a su hijo ser un caballero científico con sustento en sus propios ingresos, y le anima a hacer una gira para asistir a recepciones en su honor y buscar de ese modo expertos para describir las colecciones. A mediados de julio del año siguiente, Darwin comenzó su cuaderno “B” sobre la Transmutación de las especies y en su página 36 escribió pienso en el primer árbol de la vida.
A mediados de diciembre, busca alojamiento en Cambridge para organizar el trabajo sobre sus colecciones y reescribir su Diario. Escribe su primer artículo en el que defiende que la masa continental de América del Sur se estaba elevando lentamente. El 17 de febrero de 1837 es elegido miembro de la Sociedad Geográfica. A comienzos de marzo se muda para residir cerca de su trabajo, uniéndose al círculo social de científicos y eruditos, uno de ellos le describe a Dios como diseñador de leyes. Estos contactos fueron determinantes para lograr que se aceptara con sus implicaciones la transmutación de las especies. Un mes después, realiza un esbozo en el que representa la descendencia, como la ramificación de un árbol evolutivo, en el cual es absurdo hablar de que un animal sea más evolucionado que otro.
Durante más de una década, se dedica a realizar pruebas de cruce de animales y numerosos experimentos con plantas, mediante los cuales encuentra indicios de que las especies no eran realidades inmutables, que le permiten profundizar en las implicaciones de su teoría. Estos trabajos constituyen el trasfondo de su investigación principal, consistente en la publicación en tres tomos en forma de Diario con los resultados científicos del viaje del Beagle.
Darwin prosigue sus amplias investigaciones y mantiene correspondencia con científicos que le ayudan a precisar sus ideas y ver con distanciamiento científico sus hallazgos y comienza a esbozar su teoría. En 1853 recibe la Medalla real que le concede la Royal Society por sus estudios sobre alteraciones morfológicas que permitían a los organismos cumplir nuevas funciones en nuevas condiciones, lo que le da celebridad como biólogo. En 1854 continúa su trabajo sobre la teoría de las especies y anota que las diferencias en los caracteres de los descendientes podían obedecer a su adaptación a diversos entornos en la economía natural.
Durante el desarrollo de su profundo estudio sobre la transmutación de las especies, Darwin se cargó con más trabajos. Mientras redacta su Diario, prosigue la edición y publicación de los informes de expertos sobre sus colecciones.
Su salud se resiente por la presión de su titánica labor, los médicos le conminan a descansar y vivir en el campo durante algunas semanas. Viaja a una propiedad de su familia materna y convive con su encantadora, inteligente y cultivada prima Emma Wedgwood, nueve meses mayor que Charles. Una vez restablecido acepta el cargo de secretario de la Sociedad Geológica en marzo de 1838.
A pesar de la abrumadora labor sobre los informes del Beagle, Darwin realiza destacables progresos en el problema de la transmutación, aprovecha cualquier oportunidad para debatir con los expertos naturalistas y de forma menos convencional, polemizar con personas con experiencia práctica como son los granjeros. Todos estos esfuerzos lo abruman y vuelve a tener severos problemas estomacales y fuertes dolores de cabeza por el estrés que le provocan sus múltiples obligaciones.
Totalmente recuperado regresa a la casa familiar en Shrewsbury en julio de ese año, donde acostumbra tomar notas diarias sobre la cría animal, al tiempo que organiza sus pensamientos inconexos sobre su carrera y proyectos en dos pedazos de papel, en los que valoraba las ventajas e inconvenientes de contraer matrimonio con su prima Emma.
El recién fallecido demógrafo y economista conservador Thomas Malthus (1766-1834), miembro de la Royal Society, autor de una obra muy influyente y ya superada, Ensayo sobre el principio de la población, afirmaba que la población humana crecería en progresión geométrica y excedería los suministros de alimentos. Darwin en una nota de septiembre de 1838, lo aplica a la Guerra de especies entre plantas y a la lucha por la existencia en la vida salvaje; las especies siempre se reproducen en cantidad mayor que los recursos disponibles, las variaciones favorables mejoran la supervivencia de los organismos al transmitir las diferenciaciones a su descendencia, mientras que las variaciones desfavorables no continúan, se hacen a un lado, lo que da por resultado la formación de nuevas especies.
En los meses siguientes compara a los granjeros que recogen lo mejor de su cosecha, con una selección natural maltusiana a partir de variantes surgidas al azar, de modo que cualquier parte de cualquier estructura nuevamente adquirida está completamente experimentada y perfeccionada, pensaba en esta analogía como la parte más hermosa de mi teoría.
El 11 de noviembre de ese año se declara a Emma, contándole una vez más sus ideas. Ella acepta, y en los intercambios de cartas de amor, muestra cómo valoraba su apertura a compartir sus diferencias y su preocupación por que sus dudas honestas pudieran separarlos más adelante. Mientras busca casa en Londres, los accesos de enfermedad continúan, Emma le escribe apremiándole a tomar algún descanso, le comenta de modo casi profético No sigas poniéndote malo, mi querido Charley hasta que pueda estar contigo para cuidarte. Encuentra una casa que llama una “cabaña de guacamayos” y traslada allí su museo durante las navidades. El 24 de enero de 1839 Darwin fue elegido miembro de la Royal Society y el 29 de enero se casa con Emma Wedgwood.
Mientras tanto los eruditos ingleses mantienen posturas diversas e incluso enfrentadas, Darwin prosigue con sus investigaciones y obtiene información y especímenes de naturalistas de todo el mundo.
El botánico estadounidense Asa Gray muestra intereses similares y recibe de Darwin en septiembre de 1857, un esbozo detallado de sus ideas en un extracto de su obra Selección natural. En diciembre, Darwin recibe una carta de Alfred Russel Wallace (Gales, 1823- Broadstone Inglaterra, 1913, naturalista, geógrafo, antropólogo y biólogo británico), quien residía en Borneo y era conocido por su propuesta sobre una teoría de la evolución por medio de la selección natural, correspondencia que lo motiva a publicar su teoría sobre el origen del hombre.
Darwin envió el manuscrito a Charles Lyell (1797 -1875, geólogo británico, uno de los fundadores de la Geología moderna), mostrándole su sorpresa por la extraordinaria coincidencia de sus teorías y sugiere la presentación conjunta en la Sociedad Linneana de Londres, bajo el título Sobre la tendencia de las especies a crear variedades, así como sobre la perpetuación de las variedades y de las especies por medio de la selección natural, compuesta por dos artículos independientes: el manuscrito de Wallace, y un extracto del aún no publicado Ensayo de Darwin, escrito en 1844, junto con un resumen de su carta a Asa Gray, que no recibe en ese momento demasiada atención.
Darwin con el apoyo continuo de sus amigos científicos, emprende la redacción revisada de un gran libro que le debate durante trece meses y le provoca “enfermedades del corazón”, su título El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, conocido con el título abreviado de El origen de las especies, salió a la venta con un tiraje de 1250 copias que se agotó ese mismo día, 22 de noviembre de 1859, pues los libreros tenían ya una lista mayor de suscriptores.
En su obra, Darwin expone una “extensa argumentación” a partir de observaciones detalladas e inferencias y considera con anticipación las objeciones a su teoría. Su única alusión a la evolución humana fue un comentario moderado en el que habla de que se arrojará luz sobre el origen del hombre y su historia.
Su teoría se formula de modo sencillo en la Introducción: Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma.
Argumenta contundentemente Darwin en favor de un origen común de las especies, pero evita el entonces controvertido término evolución y al final del libro concluye que hay grandeza en esta concepción según la cual la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un reducido número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, una infinidad de las formas más bellas y portentosas.
En 1862 publica La fecundación de las orquídeas donde ofrece la primera demostración detallada del poder de la selección natural y explica sus complejas relaciones ecológicas. El deterioro de su enfermedad lo obliga a permanecer en cama, pero su habitación se encontraba llena de ingeniosos experimentos sobre plantas y sigue recibiendo visitas de ilustres naturalistas.
La primera parte del “gran libro” planeado por Darwin, y titulado Variación de las plantas y los animales en estado doméstico, crece hasta convertirse en dos enormes volúmenes, la obra se publica en 1868 y a pesar de su extensión tiene una amplia acogida, alcanza un número considerable de ventas y es traducida a varios idiomas.
El siguiente reto de Darwin tuvo por objeto la evolución humana, con la publicación en 1871 de El origen del hombre y la selección en relación al sexo, ofrece múltiples evidencias que sitúan al ser humano como una especie más del reino animal y muestra la continuidad entre características físicas y mentales. Expone la teoría de la selección sexual como una explicación de determinadas características no adaptativas y las diferencias sexuales, raciales y culturales como producto de la evolución, al mismo tiempo que enfatiza la pertenencia de todos los humanos a una misma raza.
Sus investigaciones son ampliadas en su siguiente libro: La expresión de las emociones en el hombre y los animales de 1872, una de las primeras publicaciones acompañada de fotografías impresas, que planteaba la continuidad de la psicología humana con la conducta animal. Ambos libros fueron enormemente populares y el mismo Darwin se declaró sorprendido de que todo el mundo hablase de ello, sin demostrar sorpresa alguna. Su conclusión fue que el hombre, con todas sus nobles cualidades, con su compasión hacia los que siente desarraigados, con su benevolencia no sólo hacia los otros hombres sino hacia la más humilde criatura; con su intelecto, que parece divino y ha penetrado en los movimientos y la formación del sistema solar –con todos estos elevados poderes – todo hombre sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen.
La explicación propuesta por Darwin del origen de las especies y del mecanismo de la selección natural, a la luz de los conocimientos científicos de la época, constituye un enorme paso en la coherencia del conocimiento del mundo vivo y de las ideas sobre evolución presentes con anterioridad.
Las dos grandes teorías defendidas en el Origen de las especies, por un lado, la teoría del origen común o comunidad de descendencia, en la que se integran evidencias muy variadas en favor del hecho de la evolución, y por otro, la teoría de la selección natural, que establece el mecanismo del cambio evolutivo. De este modo, Darwin pretende resolver los dos grandes problemas de la historia natural: la unidad de tipo y las condiciones de existencia.
La publicación de El Origen de las especies atrajo un amplio interés internacional, provoca acalorados debates tanto en la comunidad científica como en la religiosa, reflejados en la prensa popular de la época. En poco tiempo se tradujo a varios idiomas, convirtiéndose en un texto científico fundamental, cuya discusión implica a multitud de sectores sociales. Darwin estuvo siempre atento a todas las reacciones provocadas por su obra, como ilustra la activa correspondencia que mantuvo en aquellas fechas.
En general, la aceptación de las tesis defendidas en el Origen atraviesa dos etapas: una primera fase a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, donde el mundo victoriano comienza a aceptar progresivamente la teoría de la evolución y una segunda, avanzado ya el siglo XX, cuando el redescubrimiento de la herencia mendeliana posibilita la aceptación de la teoría de la selección natural.
En el ámbito popular la reacción más recurrente, reflejada en las sátiras y caricaturas publicadas en los periódicos y revistas de la época, resiente e ironiza sobre las consecuencias de la teoría de la evolución referida a la posición de la especie humana en la jerarquía animal. A pesar de que Darwin sólo había afirmado que su teoría arrojaría nueva luz sobre la cuestión del origen del hombre, lo acusan de promover la idea de que el hombre procedía del mono.
En sintonía con la acogida popular del Origen, gran parte de la comunidad religiosa reacciona con virulencia ante la defensa de la evolución al considerarla incompatible, con el relato de la creación narrado en las Escrituras y la posición privilegiada que el hombre ocupaba en ella. Los teólogos liberales interpretan la selección natural como un instrumento del diseño divino y elogian la obra por apoyar el gran principio de los poderes autoevolutivos de la naturaleza. Su autor mantiene largas discusiones teológicas y se llevan a cabo debates en torno a la evolución en numerosos sitios, donde se enfrentan filósofos, teólogos, científicos, periodistas, profesores y público en general a favor y en contra de la teoría de Darwin.
Los amigos más cercanos continúan expresando ciertas reservas pero le ofrecen su apoyo, al igual que otros muchos naturalistas, especialmente los más jóvenes. Entre las críticas científicas, uno de los escollos fundamentales para la aceptación de la evolución choca con la edad de la tierra, que según los cálculos de la época era demasiado breve como para posibilitar la evolución gradual defendida en el Origen. La cuestión sólo sera resuelta, a favor de Darwin, tras el descubrimiento de la radioactividad y su aplicación al fechado de la edad de la Tierra.
El gradualismo que defiende Darwin en el Origen fue otra de las grandes fuentes de controversia, las objeciones se concentran en dos cuestiones fundamentales: desde la paleontología se señala la ausencia de formas intermedias en el registro fósil, mientras que otros autores insisten en las dificultades asociadas a la evolución gradual de órganos complejos, arguyen la inviabilidad de las etapas incipientes de estructuras que sólo al alcanzar un alto grado de complejidad pueden resultar útiles.
La aceptación de la teoría de la selección natural requiere mucho más tiempo, a pesar del reconocimiento de la evolución, gran parte de la comunidad científica se resiste a aceptar un mecanismo de cambio no teleológico. Si bien el Origen de las especies no se compromete con ninguna teoría de la herencia, Darwin defiende la pangénesis o herencia por mezcla, la teoría más en boga en su época. Hasta los años 30 al surgir la Síntesis evolutiva moderna se reúnen las bases de la visión actual de la evolución por selección natural, integrada por la teoría de la evolución por selección natural, la herencia mendeliana, la mutación genética aleatoria como fuente de variación y los modelos matemáticos de la genética de poblaciones.
La propia evolución de su pensamiento le provoca a Darwin, un intenso debate religioso, a la formación familiar de origen unitarista y librepensador, agrega la convicción sobre la verdad literal de la Biblia a la que cita regularmente como una autoridad moral, en la etapa universitaria se plantea incluso graduarse de clérigo anglicano. Durante la expedición del Beagle busca explicaciones más allá del milagro o la teología de la creación divina y a su regreso a Inglaterra pensaba ya que las demás religiones eran igualmente válidas. Los siguientes años, de intensa especulación en torno a cuestiones geológicas y a la transmutación de las especies, hace que surjan muchas cuestiones relativas a la fe, lo que discute frecuentemente con su esposa Emma, quien apoya sus convicciones en un estudio y un cuestionamiento igualmente serios.
Entendía la vida como un conjunto de organismos perfectamente adaptados, aunque por entonces considera la religión como un mecanismo estratégico de supervivencia y cree que en último término, Dios es el dador de vida. En 1879 afirma que nunca se había considerado un ateo y que el término agnóstico sería una descripción más correcta de mi estado de ánimo.
Muere en Kent, Inglaterra, el 19 de abril de 1882, por gestiones de sus colegas de la Royal Society tiene funerales de estado y es enterrado en la Abadía de Westminster junto John Herschel e Isaac Newton. Sus últimas palabras son para su familia, le dice a su mujer Emma: No tengo miedo de la muerte. Recuerda qué buena esposa has sido para mí. Dile a mis hijos que recuerden lo buenos que han sido todos conmigo. Entonces, mientras se apaga, les dice repetidamente a sus hijos Henrietta y Francis Casi ha merecido la pena estar enfermo para recibir sus cuidados.









