La Biblioteca Central del Estado te invita a participar en su programa de actividades de Marzo 2012
Ciclo Hidalgo en su Historia
Conferencia, Historia de la mujer en el estado de Hidalgo
(Celebración del Día Internacional de la Mujer)
Impartida por la Doctora Carmen Lorenzo Monterrubio
La historia de la mujer hidalguense es todavía una historia no escrita y son pocos los estudios que existen al respecto. En la actualidad, es mayor el interés sobre las investigaciones históricas de género, que incorporan diferentes grupos y estratos sociales, y donde cabe destacar los referentes al papel de la mujer en la sociedad novohispana.
Sin lugar a dudas, al estudiar ahora una época determinada, es necesario incorporar un análisis de género que nos permita entender más cabalmente la sociedad estudiada en su conjunto y en su entera complejidad; es decir, no podemos dejar fuera a cualquiera de sus actores, sin caer en parcialidades, ya que hombres y mujeres participan y se relacionan en un mismo contexto.
La conferencista hablará de ocho personajes que vivieron del siglo XVI al XX. La información reunida proviene básicamente de documentos de archivos y periódicos, incluso de libretas y carnets de salubridad. Estas fuentes de primera mano, son de suma importancia para tratar de reconstruir la vida y los acontecimientos que rodearon a las biografiadas, a lo largo de la historia del estado de Hidalgo.
Sin intentar generalizar, la investigadora puntualiza la situación particular de cada una de ellas, por lo que pretende no sólo dar a conocer a estas protagonistas de su tiempo, sino también entender sus formas de pensar y de actuar de acuerdo al ambiente que vivieron.
Los personajes femeninos estudiados, van de una rica encomendera, Isabel de Barrios, a una minera Elvira Sánchez; de una esclava María de Rivera, a una curandera, María de Escobar; de la actitud combativa de Altagracia Noble al sentido de la justicia de María de Jesús García Muñoz; de Rufina Asiáin, una profesora pionera en la vocación magisterial, a la mujer discriminada y marginada, Luz López Lira, sexoservidora nombrada La Charrita.
La breve revisión de la vida de estas señoras, nos da una idea de sus diferentes facetas, todas ellas tuvieron que librar sus propias batallas y el camino que construyeron fue arduo y por desgracia, doloroso. Falta mucho todavía para reconocer y entender el papel de la mujer en la historia y en la sociedad. Sólo en esta construcción desapasionada y apasionante podremos aspirar a ser más justos y equitativos.
Jueves 8 de marzo, 18:00 horas, sala de usos múltiples
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Ciclo Ciudades del Conocimiento
Conferencia, Competencia laboral en la era del conocimiento
Impartida por el MCE Luis Felipe Ramírez Vera
Director de Competencia laboral y calidad, ICATHI, SEPH
La competencia laboral es la capacidad que una persona posee para desempeñar una función productiva al utilizar diferentes recursos técnicos, que aseguran la calidad en el logro de los resultados. En el campo educativo, hablamos de un saber hacer en situaciones concretas, que requieren la aplicación creativa y flexible de habilidades, actitudes y conocimientos. En todo el mundo, cada vez es más alto el nivel educativo requerido a hombres y mujeres, que compiten en un mercado laboral demandante de crecientes habilidades técnicas.
Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, se convierten en tres pilares de la educación, para hacer frente a los retos del siglo XXI y llevar a cada persona a descubrir, despertar e incrementar sus posibilidades creativas que le permitan aprender a ser.
Lograr que la educación básica contribuya a la formación de ciudadanos con estas características, implica plantear el desarrollo de competencias como propósito educativo central, que enlacen un adiestramiento (habilidades) con saber (comprensión), así como la valoración de las consecuencias de ese hacer (valores y actitudes). En otras palabras, la puesta en juego de conocimientos, habilidades, actitudes y valores para el logro de propósitos en contextos y situaciones diversas.
El concepto de competencias en el mundo industrializado no es nuevo, en México se instauró a mediados de los años noventa, el Consejo de Normalización y Certificación de Competencia Laboral (CONOCER), organismo encargado de establecer un sistema de certificación de la capacidad o competencia laboral de los trabajadores, con el fin de impulsar su desarrollo con base en estándares de calidad del desempeño; este sistema de competencias, debe servir también para orientar la educación y la capacitación hacia las necesidades de los mercados productivo y laboral.
Nuestro invitado, especialista en la materia, responderá algunas preguntas acuciosas ¿Qué es lo que hace que aumente el interés entre la educación y el mundo del trabajo?, ¿Cómo están cambiando las exigencias del trabajo y las condiciones de empleo para los graduados?, ¿Qué exigencias del empleo se observan hoy en día?, ¿Cómo se prevé que la educación se imparta y cómo debería responder?
Jueves 29 de marzo, 18:00 horas, sala de usos múltiples
Área de Cómputo de Sala Infantil
Talleres de computación para niños y jóvenes
Taller Intel aprender - de paquetería básica, pone al alcance del niño el conocimiento de las herramientas Word, PowerPoint y Excel, explicándoles los conceptos fundamentales y las características básicas de funcionamiento de cada una de ellas.
Taller Micromundos - es un taller de programación, que ofrece a los niños un ambiente creativo en el cual pueden formular sus ideas, construir sistemas y crear sus propias imágenes.
Taller Geómetra - donde se utilizan las matemáticas de forma entretenida, un instrumento tridimensional de construcción y exploración enfocado en aficionados a la geometría.
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Actividades permanentes
Taller de estimulación intrauterina
Este taller está dirigido a las mujeres embarazadas desde los 5 meses de gestación. A partir de esta edad el bebé in útero tiene un oído funcional, por lo que puede ser estimulado a la escucha con diferentes actividades realizadas por la madre, como la lectura de poesía y otros temas, en voz alta, el canto, la transmisión ósea de la voz y sesiones de música académica seleccionada.
Con la mujer se realizan actividades encaminadas a lograr su bienestar físico y emocional en esta etapa tan importante de su vida, como el ejercicio, posturas para disminuir las molestias presentes en el embarazo, relajación, respiración consciente, movimientos al ritmo de la música, lectura y actividades grupales en torno a los temas relacionados con el embarazo, nacimiento y la crianza del bebé.
Sábados de 13:00 a 15:00 horas, sala de usos múltiples
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Sala infantil
http://bcehinfantil.com
Tenemos propuestas durante todo el año, planeadas para interactuar padres e hijos en un universo de conocimiento, creatividad e imaginación, en compañía de libros diseñados para aprender y divertir. Actividades primordiales del Programa de Fomento a la Lectura, una labor creativa de gran importancia en la convivencia familiar.
Apoyo a tareas escolares
Los pequeñines tienen la oportunidad de solicitar ayuda al personal de la sala para buscar la información que necesitan y realizar sus tareas escolares en el momento que ellos lo requieran.
Taller Estimulación del lenguaje y la lectura
Leer a los bebés es una manera de convivir con ellos y de familiarizarlos con las palabras y su imagen, los signos del lenguaje escrito y el mundo en el que viven, lo que influirá en su futura alfabetización y su formación como lectores.
También los niños podrán descubrir que los libros son objetos que sirven para jugar con el pensamiento, las imágenes y el lenguaje, así como el inicio de otros descubrimientos: los libros se pueden oír, ver, contar, leer y representar las ideas y acciones en ellos contenidas.
Miércoles y sábado, de 11:00 a 12:00 horas, niños de 3 a 18 meses, de 12:00 a 13:00 horas, niños de 19 meses a tres años, sala infantil
La hora del cuento
Historias maravillosas, un verdadero deleite para chicos con imaginación y capacidad de ingenio, de preescolar a primaria, un deleite para ellas y ellos, con lecturas en voz alta de cuentos que les enseñarán otras aventuras:
La tortuga gigante (I 863U QU57 T67)
Las medias de los flamencos (I 863U Q84 M42)
El enano saltarín (I 863.5 A45 E52)
Filiberto y el sastre de sombras (I 863.6 P47 F54)
Martes y viernes de 12:00 a 13:00 y de 17:00 a 18:00 horas, sala infantil
Círculos de lectura para niños
Invitamos a los niños a escuchar, leer y participar con sus nuevos amiguitos en el Círculo de lectura, donde practicarán sus habilidades y conocimientos en los más hermosos libros escritos para ellos. La información proporcionada en cada sesión se complementa con la bibliografía de la sala.
Este mes consultaremos el libro Me pregunto ¿Por qué sale el sol? y otras preguntas sobre el tiempo y las estaciones (IC 508.2 W34), y buscaremos respuestas a estas preguntas, ¿Por qué sale el sol por las mañanas?, ¿Por qué oscurece por la noche?, ¿Dónde es de noche todo el día?, ¿Dónde son puntuales los días?, ¿Por qué tenemos estaciones?, ¿Quién puede decir la hora sin reloj?, ¿Qué calendario fue grabado en piedra?, ¿Quién invento el calendario?
Miércoles de 14:00 a 15:00 horas, sala infantil
Lectura con Guiñoles
El teatro guiñol es un espectáculo de títeres manejados con las manos, que ha entretenido durante siglos a chicos y grandes. Se utiliza el guiñol con fines pedagógicos para contar un cuento, para atrapar a los niños en el desarrollo de una historia.
Los libros que representaremos, uno cada función, durante marzo, son:
El sapo que no quería comer (I 863M S 26 S 26)
El niño que no quería ir a la cama (I 823 C 35)
El libro de los cerdos (I 823 B78 L52)
Matías pierde su lápiz (I 863V M37 M39)
Todos los sábados a las 13:00 horas, sala infantil
Cinema infantil educativo
(Inauguración)
Ciclo La vida en el reino animal
- Vida: Desafíos de la vida/ Reptiles y anfibios, vol. 1- monos que abren semillas con martillos de piedra, camaleones que roban sus presas de las telas de araña- viernes 2 marzo
- Vida: Peces/Mamíferos, vol. 2 - los peces pueden volar y nadar a 160 kph. Diez millones de murciélagos frutales – viernes 9 de marzo
- Vida: Cazadores y cazados/Aves, vol. 3 – selvas, praderas, desiertos, la lucha de animales y presas. Las aves corren sobre las aguas – viernes 16 de marzo
- Vida: Insectos/ Criaturas de las profundidades, vol.4 – los insectos son el grupo más diverso del planeta. En las profundidades del mar, conoce los pulpos y calamares gigantes – viernes 23 de marzo
- Vida: Primates/ Reino de las plantas, vol. 5 – los primates son inteligentes: solucionan problemas, se comunican e interactúan. Conoce la planta de mayor crecimiento, 60 centímetros por día – viernes 30 de marzo
Serie documental producida por la BBC/ Discovery Channel/ Skai/ Open University, largometrajes de 100 minutos.
Todos los viernes de marzo, 11:00 y 17:00 horas, sala multimedia
Sala Braille
Cine imaginario
Un programa que busca estimular la imaginación y creatividad de los participantes, quienes sólo escucharán la banda sonora de películas, y que recrearán con su propia versión escrita.
- El libro de la selva – del escritor Rudyard Kipling (Bombay 1865- Londres 1936), premio Nobel de literatura 1907; son cuentos de la selva india que plantean lecciones morales – 7 de marzo
- El diablo viste de Prada – dirección David Frankel, con Meryl Streep; basado en el bestseller del mismo nombre, sobre el vertiginoso y frívolo mundo de la moda en Nueva York – 14 de marzo
- Avatar – (primera parte) – guión y dirección James Cameron, premiada superproducción de ciencia ficción, con mensaje antiimperialista y de retorno a la naturaleza – 21 de marzo
- Avatar – (segunda parte)- en el planeta Pandora, los seres humanos mantienen sus conciencias unidas a un avatar: un cuerpo biológico creado con ADN y controlado de forma remota, para sobrevivir en condiciones adversas - 28 de marzo
Todos los miércoles de marzo, 16:00 horas, sala Braille
Programa Abre la puerta a la lectura
Un medio de acercamiento que nos permite recordarles a los usuarios de la sala, que esperamos verlos pronto en la biblioteca, nuestro objetivo es llevarles un espacio de lectura, de convivencia y aliento a aquellos ciegos y débiles visuales que por su circunstancia, no se aventuran a salir de sus hogares.
Hacemos una cordial invitación a todos los interesados en participar, a ponerse en contacto con la bibliotecaria responsable del programa, su colaboración es muy importante.
Miércoles 13:00 a 15:00 horas, sala Braille
Taller Cultura y Creatividad
Actividad que tiene por objetivo desarrollar el pensamiento creativo en la comunidad silente, a través de la imaginación y creación de imágenes por medio del Esgrafiado.
Una técnica decorativa que consiste en hacer incisiones sobre el cuerpo de un soporte y descubrir una capa inferior de otro color. Una práctica sencilla que posibilita el crear objetos artísticos muy llamativos.
Sábados de 14:00 a 16:00 horas, Sala de Silentes
Lectura para tus oídos
En la sala multimedia tenemos sillones equipados con audífonos y sistema de audio simultáneo de cuatro canales, los usuarios pueden seleccionar aquello que gusten escuchar de este programa mensual.
- Auditorium, Cinco siglos de música inmortal – Johann Sebastian Bach (1685- 1750)- miembro de una de las familias de músicos más extraordinarias de la historia, más de 35 compositores famosos y muchos intérpretes destacados – CD Música – canal 1
- Nocturno de Bujara- Sergio Pitol – destacado narrador veracruzano, uno de los autores vivos más importantes en nuestra lengua- CD audiolibro- canal 2
Sesiones de escucha en la Fonoteca Nacional
Música de la Nueva España
Con Aurelio Tello
Con el sugestivo marco histórico de la remembranza radiofónica, conoceremos la música que marcó varias épocas de la vida del México Novohispano. Una magnífica oportunidad para aprender sobre la historia de la naciente nación.
El siglo de oro: Compositores en la catedral de Puebla (Gaspar Fernández, Juan Gutiérrez de Padilla, Juan García entre otros) – canal 1, 17:00 horas
El siglo de oro: Compositores en la capilla de Puebla (Antonio Salazar, Miguel Matheo de Dallo y Luna – canal 2, 17:00 horas.
Todos los jueves, dos horarios 12:00 y 17:00 horas, sala multimedia
Bibliocine
Ciclo Una mirada a Jodorowsky
- La corbata – En 1957 el artista chileno filmó una versión muda de Las cabezas transpuestas de Thomas Mann, una leyenda hindú en París – 6 de marzo
- La montaña sagrada – un grupo de iniciados en rituales místicos, suben la Montaña Sagrada para desplazar a los dioses inmortales que secretamente gobiernan el Universo. – 13 de marzo
- El Topo – una auténtica película de culto, un filme vanguardista y underground; un viaje mental semejante al del western más controversial que jamás se ha hecho- 20 de marzo
- Fando y Lis - Un cuento bizarro de inocencia corrompida, amor sadomasoquista y paraíso inalcanzable, célebre película que causó el escándalo, fue prohibida por la censura en México – 27 de marzo
Todos los martes, funciones: 11:00 y 17:00 horas, sala multimedia
Círculos de lectura para jóvenes
Para conocer a los escritores que presentan y describen las inquietudes de los adolescentes, por medio de personajes que viven, hablan y debaten sobre aquello que les importa saber. Una propuesta para lectores iniciales que buscan descubrir de manera informal, a los clásicos contemporáneos y nuevos narradores en un viaje por el infinito mundo de las letras.
Sergio Pitol escritor del mes de marzo 2012

La inspiración es el fruto más delicado de la memoria
Sergio Pitol Demeneghi, escritor, traductor y diplomático mexicano, nació casualmente en la ciudad de Puebla el 18 de marzo de 1933, su verdadero origen es Veracruz, donde vivió toda su infancia en el ingenio El Potrero. Es reconocido por su trayectoria intelectual, tanto en el campo de la creación literaria, como en el de la difusión de la cultura, especialmente en la preservación y promoción del patrimonio artístico e histórico mexicano en el exterior. Son muchos los galardones con los que ha sido distinguido, de entre los que hay que mencionar, el Xavier Villaurrutia en 1981; el Juan Rulfo de 1999 en México y el Cervantes de 2005 en España, premios que se otorgan a la obra literaria de toda una vida.
Su infancia está marcada por la muerte temprana de sus padres, a los cuatro años de edad, su madre muere ahogada en el río Atoyac, poco después su padre de meningitis y después su hermana de depresión. A los 12 años se traslada a Córdoba, donde cursa la secundaria y vive con la “abuela magnífica” y sus tías; cae enfermo de malaria y recluido en casa, tiene una libertad que le permite adentrarse tanto en el mundo de la lectura como en el de la escritura.
Decide irse a la Ciudad de México donde estudió filosofía y derecho en la UNAM, coincide en la universidad con quienes más tarde serán personajes sobresalientes de la cultura nacional, como Carlos Fuentes, Jaime García Terrés, Víctor Flores Olea y Enrique González Pedrero. Se relaciona con José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis, con quienes comparte vivencias, lecturas e inquietudes. Participan en la Revista Estaciones del poeta Elías Nandino, donde publican por primera vez, Monsiváis, Pacheco y Pitol.
Hicimos planes que jamás se cumplieron.
Publicamos revistas y colecciones efímeras.
Aprendimos que no se escribe en el vacío.
…Otra lección:
Dar importancia a la tarea, no al productor.
Nunca creernos “escritores”.
(Como trasfondo
Siempre las carcajadas de Monsiváis y Luís Prieto.)
Allí también, en ese departamento sin muebles casi,
Virginia Woolf, Henry James, E. M. Foster.
Y por supuesto, Borges, Carpentier y Neruda.
Y dos entonces desconocidos en México:
Julio Cortázar y Juan Carlos Onetti.
Algo salió de aquellas tardes en apariencia perdidas.
Y, contra todo, somos lo que queríamos ser entonces.
Escribió en 1981 José Emilio Pacheco, en el poema Imitación de Tu Fu.
Recién llegado a la capital, asiste a las conferencias dictadas por Don Alfonso Reyes en El Colegio Nacional y tiene un encuentro afortunado con el maestro, que se prolonga en asiduas visitas a la Capilla Alfonsina, de esa influencia Pitol nos dice: En México, durante la adolescencia, frecuenté larga y devotamente los libros de Alfonso Reyes. Los leía, me imagino, por el puro amor a su idioma; por la insospechada música que encontraba en ellos; por la gracia que, de repente, aligeraba la exposición de un tema necesariamente grave…
Debo a nuestro gran polígrafo, y a varios años de tenaz lectura, la pasión del lenguaje. Admiro su secreta y serena originalidad, su infinita capacidad combinatoria, su humor, su habilidad para insertar giros cotidianos, reñidos en apariencia con el lenguaje literario… Reyes se movía con ligera seguridad, con extrema cortesía, con curiosidad insaciable por muy variadas zonas literarias, algunas escasamente iluminadas en esa época…
En una época de ventanas y puertas cerradas, Reyes nos incitaba a emprender todos los viajes…
Años después, comencé yo a escribir y sólo ahora advierto que una de las raíces de mi narrativa se hunde en aquel cuento. Buena parte de lo que más tarde he hecho no ha sido sino un mero juego de variaciones sobre aquel relato: “La cena”.
El narrador veracruzano compartió también los intereses de la llamada Generación del medio siglo, formada por talentosos artistas jóvenes, interesados en distintas disciplinas y determinantes en la cultura mexicana contemporánea, el grupo lo formaban Juan García Ponce, Inés Arredondo, Jorge Ibargùengoitia, José de la Colina, Salvador Elizondo, Juan Vicente Melo, Juan José Gurrola, Tomás Segovia, Elena Poniatowska, entre otros.
A partir de 1960 se va a Europa, primero a la aventura, al paso, consigue sobrevivir y recorre el continente. Fue estudiante en Roma, traductor en Pekín y en Barcelona, profesor universitario en Bristol, y diplomático en Varsovia, Budapest, París, Moscú. Esta vida errante enriqueció por supuesto su visión del mundo y su literatura. Al dominio del italiano de raíz familiar, agrega el inglés, chino, ruso, checo, polaco. Posteriormente trabaja como editor y colabora en numerosos suplementos culturales de México y el extranjero. Fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en enero de 1997.
La desgracia, la enfermedad y el aislamiento crearon su estilo literario, que él define como una autobiografía oblicua en la que se funden la vida y la literatura. Su vida en perpetua fuga, la convirtió en recurso literario: Me convencí de que el aislarme de una vida literaria organizada resultaba indispensable para mi escritura; esa lejanía de los grupos de poder cultural, de sus presiones directa o invisibles no sólo me proporcionaba el tiempo necesario para escribir sino también para algo más esencial: mantener el diálogo conmigo mismo.
A la primera edición de No hay tal lugar en la editorial de la Universidad Veracruzana (1967), siguió Infierno de todos (1971), Los climas (1972), El tañido de una flauta (1973), Asimetría (1980), Nocturno de Bujara (1981), Cementerio de tordos (1982), Juegos florales (1985), El desfile del amor (1985), Domar a la divina garza (1988), Vals de Mefisto (1989), La vida conyugal (1991), El arte de la fuga (1996), Todos los cuentos más uno (1998) , Soñar con la realidad (1998) , El viaje (2000), Todo está en todas las cosas (2000), De la realidad a la literatura (2002) , El mago de Viena (2005), Autobiografía soterrada (2011).
Como ensayista ha dado a la imprenta De Jane Austen a Virginia Woolf, La casa de la tribu, Adicción a los ingleses y Pasión por la trama, entre otros títulos. Su labor como traductor ha merecido que se recoja todo su trabajo en la colección Sergio Pitol Traductor de la Universidad Veracruzana.
Sobre su proceso de escritura, afirma: Mi método de trabajo no me permite la menor invención, tengo que conocer a los personajes, haber hablado con ellos para poder recrearlos. No puedo describir una casa en la que no he estado.
El inicio de su oficio de escritor está unido especialmente al cuento, un peregrinaje que va desde El arte de la fuga hasta su última aportación con El mago de Viena. Ha sido en este género en el que ha experimentado con distintos recursos hasta llegar a formar una voz propia y característica que le ha valido el reconocimiento de críticos, académicos y lectores.
Su arribo a la novela fue por la necesidad de encontrar un espacio narrativo más amplio, sus novelas son ejercicios de estilo que, mediante un humor refinado y mordaz, ofrecen una mirada desencantada de la realidad. Sus cuentos y novelas, influidos por Henry James en los recursos estructurales, se alejan de tendencias literarias predominantes en las letras hispanoamericanas de su generación y destacan por su carácter erudito e irónico.
En su etapa de madurez reconoce su admiración y pasión por la literatura polaca y rusa, de la cual hace varias aportaciones como traductor y difusor, lo mismo ocurre con otros creadores: Podría haber estudiado durante largos años técnicas narrativas, asistir a mil talleres literarios y leído todos los libros sobre la historia de la novela y nada de ello hubiese equivalido a la enseñanza que me proporcionó la traducción de Gombrowicz, Henry James, Conrad, Jane Austen y otros más.
Autor de frases largas e inteligentes, se convierte en un innovador o escritor posmodernista anticipado al fusionar distintos géneros literarios. Su estilo pitoniano se encuentra en sus escritos autobiográficos, sueños con su perro, fragmentos de diarios, reflexiones sobre el arte, crónicas sobre la actualidad, viajes y homenajes a sus autores preferidos. Pitol va más allá en todos los géneros y en el ensayo va a echar mano de relatos y otros recursos como vasos comunicantes, es la ruptura y la disolución de los géneros para recrearlos. Es su contribución a la búsqueda de nuevas propuestas narrativas en la literatura mexicana.
Los textos de Sergio Pitol: desconciertan al lector que sólo quiere seguir textos canónicos: comenzar con unos personajes, que se plantee un conflicto, ver como se desarrolla, confrontar un clímax y terminar con un desenlace. Pitol no nos da nada de esto; a la mitad de sus textos apenas estamos captando cuál es el problema que propone y aún titubeamos al decidir quién es el protagonista. En el caso de sus crónicas y sus reseñas de viaje, la frontera entre los géneros se viene abajo y encontramos un nuevo tipo de literatura a la cual no podemos clasificar, nos sugiere Maricruz Castro, en la addenda del libro de Sergio Pitol De la realidad a la literatura, México, FCE/ITAM, 2003, 863M P58 D34
En el mismo libro se señala que, en “El arte de la fuga revela de una manera muy gozosa que aparte de la influencia de Faulkner y la importancia de la lectura de Borges, Alfonso Reyes, Marcel Proust, Virginia Woolf, E.M. Foster, estrellas rutilantes en el paraíso de la literatura universal, de pronto señala: nunca he gozado más en mi vida como cuando leí a la familia Burrón y a los personajes de Gabriel Vargas. La vida de doña Borola Burrón, siempre tratando de ver como salir de la pobreza, y su esposo don Regino, el peluquero, quienes viven en una vecindad, resulta muy importante para Pitol, sobre todo la desaforada Borola, que no conoce límites ni imposibles, aunque meta en líos a todo el mundo. Esto es precisamente lo que va a realizar Pitol con sus textos: siempre habrá un personaje fuera de sí, fuera de la normalidad, un personaje irregular que constantemente se arrepiente para, en el minuto siguiente, empezar a planear otra forma de volver a complicar la vida de los demás”.
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En una entrevista aparecida en el diario español El País, del 8 de octubre de 2005, titulada La novela es un género que lo acepta todo, Carlos Monsiváis como entrevistador, apunta:
C.M. El mago de Viena, la recopilación de ensayos, notas y breves fabulaciones es, en la obra de Sergio Pitol, otra muestra del género acuñado o perfeccionado por él, que combina el ensayo o la crónica con la irrupción de relato brevísimo y viñetas de ironía y asombro. En esa línea se encuentran El arte de la fuga y El viaje, contribuciones de primer orden de Pitol a la decisión “posmoderna” de no creer en géneros literarios sino en textos donde el recuerdo personalísimo, en apariencia ajeno al tema del ensayo o la crónica, a fin de cuentas resulta ser un testimonio indispensable y el aviso de un género. No obstante su diversidad de asuntos, El mago de Viena es un libro orgánico cuya unidad deriva del entusiasmo por la literatura y por el ars combinatoria donde un goce o una decepción conducen a otros similares y en donde nada es más decepcionante que la descripción textual. Así, Faulkner lleva a Buñuel, Thomas Bernhard a Roberto Bolaño, el gran actor polaco Joseph Tura (de To be or not to be, el prodigio satírico de Ernst Lubitsch) a las nuevas sensibilidades literarias. De esto converso con Sergio Pitol.
S.P. La novela es un género que acepta todo. En El Quijote hay discursos de diversas clases. Uno, el de Las letras y las armas, otro, las lecciones del Quijote a Sancho Panza antes de salir a gobernar la ínsula Barataria son de teoría del Estado, y también el discurso a los cabreros sobre un mundo desaparecido de felicidad, arrasado por los intereses mezquinos del poder y del dinero, es una versión de La Ciudad del Sol, de Campanella, la utopía más importante del Renacimiento. En el siglo XX, La montaña mágica y, sobre todo, el Doctor Fausto, de Thomas Mann, y Los sonámbulos, de Hermann Broch, son novelas prodigiosas en las que el ensayo interviene en su estructura de forma espectacular. Pero es raro que un ensayista al escribir un texto incorpore elementos narrativos, con tramas y personajes novelescos. Puede haberlos, pero yo no recuerdo más que a Magris y Sebald. Como mis ensayos eran bastante aburridos y tristones, comencé a interpolar una que otra pequeña trama, un sueño, unos juegos y varios personajes.
C.M. ¿Qué significa hoy para ti el cuento, un género apreciado por los lectores y minimizado por la crítica?
S. P. Me inicié con el cuento y durante quince años seguí escribiéndolos. En el cuento hice mi aprendizaje. Tardé mucho en sentirme seguro. En los cuatro relatos que están en mi libro Vals de Mefisto la narración y el ensayo se reúnen, aún leve pero firmemente.
C. M. Los escritores europeos de las novelas-río son uno de tus pilares del entendimiento del mundo, porque su punto de partida es justísimo: un gran mérito en la vida es saberse rodear más que de personas de personajes. ¿Qué encuentras hoy comparable al mundo de Dickens y Balzac, o el de Thomas Mann y Musil? ¿Ya pasó el tiempo de los escritores que demandaban de sus lectores tiempo disponible?
S. P. Dickens está en un lugar preferente del altar de mis héroes. Probablemente lo leí de niño, en algunas ediciones simplificadas. En sus libros se mueve un ejército de niños parias, niños huérfanos perdidos o abandonados, niños maltratados por padrastros o parientes inhumanos, niños encarcelados, niños obligados por verdugos a llevar una vida criminal, rescatados por unos ancianos o ancianas encantadores, que casi siempre eran personajes maravillosos, generosos, cargados de rarezas y manías afectuosas. Yo era un niño que a los cuatro años perdió a sus padres, casi siempre enfermo, cuidado por una abuela magnífica, y aunque estuviera muy bien tratado, me sentía muy ligado a aquellos niños desesperados creados por Dickens. ¿Qué existe hoy comparable al mundo de Dickens o Balzac, o de Mann y Musil…? Desde luego, cada época tiene su literatura, y sobre todo la novela ya que es el género que recoge el aliento de la sociedad y acompaña sus cambios. Los nombres que me das son enormes, no sólo por la extraordinaria factura lingüística, la imaginación e inteligencia sino también porque han visto el movimiento del mundo, su época, sus derivaciones, los movimientos que mueren y los que se han incorporado: el mundo, la ciencia, las artes, las formas religiosas, los miedos, y eso no por descripciones sino por detalles, elipsis y sugerencias. Para que se pueda decir que los novelistas lleguen a esa altura, los que van a ser los clásicos del presente y el futuro, se necesita la muerte, unos meses, un par de años. Los autores que creo serán permanentes, los que ya están pasando la prueba, me parecen: Andrzej Kusniewicz, polaco; Thomas Bernhard, austriaco; Juan José Saer, argentino; Roberto Bolaño, chileno; Saul Bellow, norteamericano; George Perec, francés, y Julien Gracq, francés también, que aunque no se ha muerto tiene más de noventa y cinco años y desde hace varias décadas no escribe.
C. M. Dice Pellicer en uno de sus sonetos: “Del bosque entero harás carpintería”. En El mago de Venecia, más que en ningún otro de tus libros, localizo las referencias a tu “carpintería”, al modo en que observas, memorizas, inventas, borras. ¿Por qué acercar a los lectores a las entrañas de tu trabajo?
S. P. Por lealtad a los textos y los lectores, la carpintería es absolutamente indispensable en mi obra, especialmente en este Mago de Viena. Su escritura es su construcción. Es un libro que nace bajo la sombra de un lema primordial de los alquimistas: “Todo está en todo”. En El mago todo está en todo, pero en un orden de los elementos, y los tonos tienen que estar en una colocación especial para potenciarse y potenciar la unidad.
Para finalizar la entrevista, Monsiváis rememora ésta anécdota que bosqueja a Pitol, personae: A propósito de una convicción que compartimos (la máscara es el espejo del alma), recuerdo un viaje que hicimos a San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en febrero de 1994, cuando los diálogos de paz entre el Gobierno y el Ejército Zapatista. Había agentes policiacos cerca de la catedral, cinturones de seguridad de la sociedad civil, periodistas que se entrevistaban unos a otros, curiosos que recorrían los cafés y hacían recordar la fábula chestertoniana de El hombre que fue Jueves. La situación en San Cristóbal era tensa. En el desayuno en el hotel, advertimos a dos señores con aspecto de ya no soportar la cercanía de su jubilación, que tomaban notas interminablemente. A lo largo del día los vimos sujetos a la grafomanía. Pitol decidió: “No son agentes policiacos, sino la versión chiapaneca de Bouvard y Pécuchet, los gloriosos personajes de Flaubert, que redactan un diccionario de voces apócrifas”. En la noche, en la cena, los saludó muy amables y aseguró haberlos visto hacía tiempo: “¿No son ustedes los abogados Bouvard y Pécuchet, que tienen un despacho en la avenida Madero?”. Los recién titulados, aturdidos, murmuraron su identidad, pero Pitol desdeñó su confesión, y los presentó a un grupo amplio como los abogados que llevaban la defensa de los intereses del rey Carol de Rumania que reclamaba la posesión de San Cristóbal, suya por un convenio con el dictador Porfirio Díaz. Un tradicionalista de la ciudad, no muy versado en fechas, se enfureció y les gritó que se largaran, San Cristóbal no estaba en venta. Los falsos o verdaderos espías negaban todo sin convicción y vencidos, le dieron la razón a Sergio cuando éste les aseguró que amor era la palabra más apócrifa de todas. En los días siguientes Bouvard y Pécuchet no reclamaron sus nombres originales. Ya por irnos, se reveló la verdad, ese género tan anticlimático. Eran dos antropólogos de Tuxtla Gutiérrez que escribían un libro sobre transformaciones en una ciudad pequeña causadas por la presencia masiva de extranjeros en ocasión de un acontecimiento.
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De simetrías a asimetrías
(fragmento)
La física cuántica –aseguran sus intérpretes- ha logrado robar sin demasiado esfuerzo, que el mundo, desde su creación hasta hoy, se ha movido a través de un complejo sistema de asimetrías.
La vida del universo, la de sus tres reinos y la infinita variedad de especies que la pueblan, es el resultado de un juego de difícil comprensión para los legos pero definitivamente cierto y rigurosamente comprobado de formas asimétricas, de fugas de energía hacia lo desconocido; son saltos brutales, aterrorizadores, pero cualquier efecto de este tipo se desliza al ritmo de una cámara lenta. No nos asustan gracias a la demora de su realización. Pasarán un sinnúmero de generaciones hasta que alguien –un sabio desde luego- descubra que ha ocurrido un salto importante en la naturaleza. Se requerirán siglos, miles de siglos quizá, para tener la seguridad de que una asombrosa operación ha tenido ya lugar.
¿Quién ha presenciado ya metamorfosis del dinosaurio a la lagartija o la transición del oscuro balbuceo que por primera vez emitió un homo sapiens, más impaciente o menos obtuso que sus congéneres, al idioma milagroso con que Borges nos revela su contemplación de El Aleph? No sé si a todos los hombres de letras les resultan tan incomprensibles como para mí esos misterios. Tal vez para los jóvenes, aleccionados ahora desde el jardín de niños en las novedades tecnológicas y bioquímicas, les parezca un juego infantil. Porque, debo confesar, mi generación de formó en el culto de la simetría. Veo, por ejemplo, unas láminas de color de las pinturas rupestres de Altamira y al instante me saltan visiones de Picasso, de Matisse, de Malévich, de Toledo o de Tamayo. Me entretengo en encontrar concordancias entre las formas mayas y las esculturas de Arp, Bárbara Hepworth o Henry Moore; entre los muros de Cacaxtla y los colores de Francisco Toledo; entre el estilo de Laurence Sterne y el de Virginia Woolf; la liga entre Borges y Marcel Schwob y la mutua correspondencia entre las obras de Henríquez Ureña y Alfonso Reyes. Pensar en formas simétricas equivale e mí a pasear por los senderos del edén.
De la realidad a la literatura, pág.76-77, México, FCE- Itesm, 863 M P58 D34
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Frases de Sergio Pitol
- Uno es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidiosos. Uno es una suma mermada por infinitas restas.
- Un escritor a menudo oye hablar sin escuchar una palabra.
- Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces.
- Todos, los castos como los lascivos, han aprendido que el sufrimiento es la sombra de todo amor, que el amor se desdobla en amor y en sufrimiento.
- Un libro leído en distintas épocas se transforma en varios libros.
- Inspiración, un término despreciado por todos los pedantes del mundo, y también por sus primos, los cursis.
- Un atributo de la memoria es su inagotable capacidad para deparar sorpresas. Otro, su imprevisibilidad.
- Su única manifestación de vida era una sonrisa de sorna dedicada a la concurrencia.
Te invitamos a participar en los Círculos de lectura para jóvenes, Sergio Pitol es el escritor del mes de marzo, conoce su obra que forma parte de la colección de la Biblioteca Central.
Martes 13:00 horas, módulo de Referencia, vestíbulo de la Biblioteca
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Alocución en Xalapa el 28 de mayo de 2009
(Homenaje a Sergio Pitol)
Por Karla Olvera
“No todo el mundo sabe que a Veracruz y a sus playas lejanas no pienso en la vida nunca volver”.
He seleccionado el comienzo de Lejos de Veracruz, primero, porque sé de buena fuente que cuando Pitol y Vila-Matas se conocieron, Sergio se la citó de memoria, pues le fascina el comienzo genialoide de “No todo el mundo sabe…”, y después, pero no menos importante, porque estamos en Veracruz, estado indisociable de la figura de Sergio Pitol.
Concibo al homenaje literario en dos grandes dimensiones: la primera es la de la celebración, en la que se reconocen tanto la trayectoria como la calidad de la obra de un autor y la segunda es la de la actualización, en la que ya sea por medio de la lectura renovada de generaciones más jóvenes o contemporáneos del autor; se dota a la obra de una nueva mirada, a la luz de una reconfiguración de la realidad, gracias a los cambios sociales, políticos, económicos y culturales. No se lee igual, por ejemplo, el Nocturno de Bujara en 2009 que como se leyó en 1981. En julio festejará su cumpleaños veintiocho, pero hoy todavía tiene veintisiete y por lo tanto, somos de la misma edad. Esa coincidencia a lo “azar-objetivo” de Breton y la fascinación que ha ejercido en mí uno de los míticos cuentos moscovitas, me condujeron a una investigación empírica un tanto extravagante.
Creo que en gran medida, todo sucedió cuando conseguí la edición en tapa dura del Nocturno de Bujara con prólogo de Enrique Vila-Matas e ilustración de Kazimir Malévich, que contiene un CD con la voz de Pitol leyendo su texto. Y, si alguno de ustedes ha tenido la oportunidad de escuchar este cuento en voz de Pitol, es muy probable que esté de acuerdo conmigo en que después de tal experiencia, uno cree que en verdad ha ido a Samarcanda y a Bujara o bien, que ellas han venido a uno; tal y como me sucedió el 7 de septiembre de 2008:
Dirección Bujara
Hoy, como todas las mañanas, la alarma sonó a las siete. La apagué. Con cierta desidia abandoné la cama y me puse en las manos de la regadera como un coche en un autolavado. Me alisté y en mi recorrido rumbo a la puerta, hice una escala en el refrigerador. Tomé un yogurt, una manzana y un durazno. Eran las ocho en punto. Bajé los cuatro pisos del inmueble donde vivo y recorrí la calle de Progreso rumbo a la estación del metrobús Nuevo León. A buen paso, incluido el tiempo de espera para cruzar Insurgentes, hice ocho minutos desde que cerré la puerta hasta que me subí al vagón de metrobús.
Pasé mi tarjeta frente al sensor: todavía me quedaban 56 pesos –equivalentes a unos once viajes. Me coloqué los audífonos. Iba a escuchar por primera vez la versión sonora del Nocturno de Bujara en la voz de Pitol (había sacado el audio libro de la biblioteca del Colmex con la intención de imaginarlo de otra manera). Sospechaba que si el mismo Pitol nombraba cada una de las palabras del relato, seguramente cosas maravillosas pasarían, que todos los secretos del Nocturno de Bujara se esclarecerían en voz de su creador.
Esperaba en la sección reservada para mujeres, minusválidos y personas de la tercera edad. Llegó el metrobús y esta vez no íbamos como sardinas pero de todos modos no alcancé un asiento. Tan pronto como Pitol pronunció las primeras palabras, la avenida Insurgentes comenzó a poblarse de altos eucaliptos y frondosos castaños. Los miraba surgir del pavimento completamente anonadada y los demás pasajeros parecían no inmutarse. Como si eso fuera poco, de pronto unas miniaturas negras con consistencia de pelusas comenzaron a llenar todo el vagón del metrobús en el que iba. Llegamos a la estación que debería ser “La piedad” pero que extrañamente se había cambiado de nombre a “Samarcanda”. Nunca antes había oído hablar de Samarcanda, pero me gustaba el sonido de sus sílabas, que me hacía pensar en un sutil zapateado de flamenco. Pitol dijo: “A la hora de la caída de los cuervos” y entonces, las pelusas negras se redefinieron, como si la voz del escritor fuera un cincel: los pedacitos de pelusas sobrantes flotaron dispersamente en el vagón y los mini cuervos se unieron en una elegantísima parvada. Habíamos abandonado la estación de Samarcanda o La Piedad, cuando una mujer de piel bronceada, ojos aceitunados y labios notoriamente carnosos comenzó a vociferar un sin fin de quejas en portugués, mientras que un güero hacía una danza muy extraña como imitando a una gallina. Luego comenzó a graznar, eso le salía mejor que la danza de la gallina. Lo peor fue cuando comenzó a saltar, tratando de emprender el vuelo.
Un joven que iba al lado mío comenzó a hablarme, de modo que me quité un audífono para seguir escuchando a Pitol y poder enterarme de lo que me quería decir el pasajero.
Me comentó que estudiaba portugués y que la turista loca que pegaba de gritos estaba “declamando” un fado que trataba de una mujer que se avienta desde un octavo piso. Llegamos a la estación Poliforum y la loca portuguesa, intentó aventarse del metrobús (la tonta no sabía que ahí no podía suicidarse pues no era el metro) de modo que sólo se propinó unos buenos moretones y fue aprehendida por los policías acusada de perturbar el orden público.
Los pasajeros pensaban que el güero intentaba bailar reguetón pero en realidad quería imitar a los cuervos miniaturas, aparentemente invisibles a los ojos de la gente. Yo quedé casi traumatizada al ver cómo esa lluvia de cuervos se convertía en una masacre aérea. Los cuervos miniaturas eran atacados por una especie de cigüeña del desierto -que entró por una ventana- . Me molestaba la indiferencia de la gente ante el sufrimiento de los cuervitos y la ferocidad del ave asesina. Estaba tan molesta que le dije a una señora que estaba a mi lado: “¡Un espectáculo, te lo juro, del carajo!” esperando que reaccionara pero me barrió de arriba hacia abajo y luego volteó la cabeza al lado contrario.
Los cuervos continuaban cayendo a tal grado que dejaron una gran alfombra negra en el piso del vagón. Sus gritos eran insoportables. Pienso que la gente prefería hacerse de la vista, pero sobre todo, de los oídos gordos.
Llegamos a la estación de metrobús Poliforum y ahí subió una marejada inusual de personas, de tal modo que todos nos recorrimos. Fui a dar casi al lado del chofer –quien tenía una plaquita rectangular que decía “Luís Manuel”. Sin embargo, cuando pensé en la posibilidad de hacerle la plática, me di cuenta de que justo debajo del letrero “VOLVO” (marca del vagón) había una leyenda en letras ennegrecidas: “No hable con el chofer”. De este modo, supe de antemano que cada vez que me dirigiera a él, no me respondería y que cuando dijera “Juan Manuel” diría en realidad: “mundo entero”, “vagón de metrobús”, “pasajeros”, “tú”, “ustedes”, “todos”.
Algo que me llamó la atención fue que la dirección a la que me dirigía se llamaba “Doctor Gálvez” pero también había cambiado de nombre desde que empecé a oír el relato en voz de Pitol. Ahora los vagones del metrobús decían: “dirección Bujara”. Yo, de hecho, iba más lejos. Una vez que llegáramos a Bujara tenía que transbordar y tomar otro vagón con dirección El Caminero. A esas alturas, no me hubiera extrañado que la dirección también hubiera cambiado de nombre, pero era muy pronto para especular.
Me quedé pensando en Bujara y en la suave armonía de su nombre. Quería, a toda costa por fin llegar a Bujara. Imaginaba que recuperaría ahí todo el azul celeste del mundo, las telas más sedosas y las especias más increíbles. Era como si con el simple hecho de que Doctor Gálvez adoptara el nombre de Bujara, la arquitectura de dicha parada se reconfigurara en mi imaginación. Tenía el presentimiento que cuando descendiera del vagón, en lugar de policías y usuarios listos para abordar, la estación se encontraría desierta y con un turbante en la cabeza, me esperaría Avicena o en su defecto, el hechicero de Bujara que mencionaba Sergio Pitol en su lectura.
El hechicero, tenía sin lugar a dudas, ojos hipnotizantes, una nariz preponderante y dedos largos, capaces de doblarse maléficamente a la hora de lanzar los hechizos. La posibilidad de ver a un hechicero uzbeko me seducía mucho menos que la de encontrar a Avicena. Del segundo me habría vuelto su discípula y habría consagrado mi vida a una noble actividad para el espíritu y la mente. -¿Me enamoraría de mi maestro, de su larga y castaña barba o de su infinita sabiduría?- Para cuando esa pregunta llegó a mi mente, el metrobús se detenía en la parada Parque Hundido. Las maravillas de Bujara comenzaron a emerger del pasto. Primero se alzó la mezquita de Poi-Kalyan, luego la de Bala-i Jaúz, le siguieron los mausoleos de los Samánidas y Chashma-Ayb y el minarete de Kalyan e incluso los restos del antiguo bazar.
Los demás pasajeros parecían demasiado acostumbrados a hacer sus trayectos sin asomarse por las ventanas del vagón. Era frecuente encontrar a una mujer con un cepillo redondo enredado en el cabello, a otra maquillándose los ojos o a una tercera inclusive, roncando. Me sentía afortunada de conservar la curiosidad en el metrobús, de seguir mirando con el asombro de un niño todo lo que sucedía allá afuera y a nadie más emocionaba. El corazón de Bujara se había apropiado del parque hundido y nadie lo notaba o si lo notaban sencillamente no les sorprendía. ¿Qué le pasaba a esa gente? O… ¿qué me pasaba a mí?
Lo más fascinante de todo era que todavía faltaban ocho estaciones para llegar a la mítica Bujara, misma que emergía misteriosamente por doquier. Eso me hizo suponer que una vez ahí, la ciudad estaría perfectamente vacía. La siguiente estación en el recorrido fue Félix Cuevas, desde donde se podían observar bellos callejones en las cercanías, “flanqueados por casas de un piso o excepcionalmente de dos, sin ventanas, en cuyas puertas de madera labrada cada centímetro” completó Pitol en mis audífonos. Me dieron ganas de bajarme ahí, pero iba con el tiempo justo para llegar a mi clase de las nueve y media. Lo cierto es que la siguiente estación, que tenía que ser Río Churubusco también había cambiado de nombre. Era otra vez Samarcanda. Hasta ese momento todo me parecía fascinante y surreal, pero cuando volví a ver Samarcanda, comencé a sentirme dentro de una pieza de teatro del absurdo.
Además, pasaba algo similar que en la estación Félix Cuevas, sólo que no eran monumentos de Bujara sino de Samarcanda los que emergían. Claro que comparados con los de Bujara, los de Samarcanda parecían…parecían…cómo decirlo, “cosa de nuevos ricos” pronunció Sergio Pitol con buenísima dicción y tono agradable en el momento preciso en el que buscaba un calificativo para aquella arquitectura tan cargada de ornamentos.
Extrañamente, casi la misma cantidad de personas que abordaron en Poliforum descendió en Teatro Insurgentes. Literalmente, quedamos: un buen hombre en silla de ruedas, el chofer Juan Manuel, una muchacha con uniforme de enfermera y yo. No sé de dónde saqué el valor, pero como éramos tan poquitos, me puse a repetir lo que Sergio Pitol me decía al oído. Me sentía como si fuera una intérprete en medio de una importantísima traducción simultánea. Mi auditorio parecía valorar mi trabajo. Evidentemente, Juan Manuel me ignoraba porque su oficio lo obligaba a hacerlo. El hombre de la silla de ruedas y la enfermera incluso parecían ilusionados. Curiosamente, no les contaba sobre Bujara ni Samarcanda sino sobre vivencias de Pitol en Varsovia.
Trataban de imaginarse el personaje de Issa, una pintora italiana neurótica, amarga, rapaz, obsesionada con su amante: Roberto. El hombrecito nos decía que él prefería estar solo que mal acompañado. La enfermera por su parte, argumentaba que la vida era demasiado corta como para ser tan exigente. Que a diario veía morir a gente joven en los quirófanos y no podía evitar pensar en lo triste que era su muerte si no habían tenido la oportunidad de amar profundamente a alguien. Asentí con la cabeza después de escuchar sus intervenciones y continué “traduciendo” lo que Pitol contaba sobre Varsovia. Hablaba del café Bristol, donde se juntaba con Juan Manuel –nos quedó la duda si era el chofer u otro- y de las bonitas meseras polacas con cara redonda, tez blanca y cabellos rubios que servían en una cervecería. Cómo no pensar en las matrushkas con dicha descripción –me dije velozmente antes de continuar con mi traducción simultánea-. La enfermera concentraba su atención en el personaje de Roberto, mientras que el hombrecito en Issa. Yo pensaba más bien en los rincones de Varsovia y en la estética poscomunista.
Issa haría un viaje por Asia Central. Llegábamos a la estación La Bombilla y la enfermera debía bajar ahí. Nos dijo que se llamaba Martha y que había sido un placer “conocernos”. El hombrecito le dijo que se llamaba Antonio y entonces yo me sentí obligada a decir que me llamaba Karla.
Quedábamos únicamente Antonio, Juan Manuel y yo. En la historia, Pitol y el otro Juan Manuel trataban de convencer a Issa de que fuera a Samarcanda, pero tiempo más tarde se dieron cuenta de que debieron haberle aconsejado Bujara. Por suerte también visitó ésta última ciudad. La referencia obligada para detalles de Bujara era un nuevo personaje: el joven Feri. Antonio seguía interesado en lo que yo repetía después de Pitol. Juan Manuel, el chofer, aunque no hablara, también estaba muy atento.
Llegamos por fin a la estación Doctor Gálvez y efectivamente, estaba desierta. Desafortunadamente, Avicena no me esperaba, ni siquiera el hechicero de Bujara. Bajé del vagón de metrobús y me dirigí a la dirección El Caminero. Me formé detrás de dos filas de mujeres. El nuevo vagón llegó relativamente rápido, pero el letrero de la dirección decía: “Samarcanda”. Comencé a sentirme dentro de una mala broma. Le dije a las demás mujeres que iban a abordar que Samarcanda se parecía a una frase en húngaro que quería decir: “Vuelve a tu casa Satanás”. Les gustó tanto, que armaron una especie de coro y al unísono le gritamos al vagón:”Vuelve a tu casa Satanás” y nos fuimos repitiendo lo mismo hasta la siguiente estación. En conjunto, nos escuchábamos como una especie de secta. En ese sentido, no me sorprendió durante la noche, mirar en el noticiero de las ocho el siguiente titular: “Vagón de metrobús poseído por fundamentalistas católicos del Opus Dei”. La nota se apoyaba en un video corto de nuestro vagón de metrobús filmado desde la acera de Insurgentes Sur en el que se escuchaba perfectamente “Vuelve a tu casa Satanás” al menos una docena de veces y se veía a la gente del vagón contiguo, salir corriendo despavoridos. Me sentí impotente al saber que de alguna manera había propiciado semejante malentendido. ¿Valía la pena llamar a la televisora y explicarles que no éramos del Opus Dei, que sencillamente reflexionábamos sobre el origen de la palabra Samarcanda?
Mi tía me llamó minutos más tarde pues justamente había visto el programa y sabía que yo me transportaba al Colmex en metrobús. Me dijo que tuviera cuidado con los fanáticos religiosos… y que tomara el metro por unos días en lo que “se calmaban las aguas del metrobús”.
Lo cierto es que cuando miré el video en cámara lenta, efectivamente parecíamos fanáticos que habían secuestrado el metrobús. Pensé entonces en el poder de la literatura porque en realidad todo eso era culpa directa de Sergio Pitol y sólo indirectamente mía.
En el trayecto de Ciudad Universitaria hasta Perisur, se me apareció el joven Feri, que era muy joven en realidad, muy tímido e incapaz de oponer resistencia, tal y como lo describía Pitol. Me dio un poco de pena preguntarle sobre aquella reunión que tuvo con una familia de nobles circasianos, pero igual me bastó con observarlo para imaginar el acontecimiento.
A punto de bajarme en la estación Perisur –que afortunadamente seguía siendo Perisur- le pregunté que si era cierto que en Samarcanda se encontraban aún descendientes de algunas de las familias más antiguas del mundo. Feri era poco detallista, de modo que sólo me respondió que tuvo la ocasión de conocer a una familia noble que parecía la amplificación de una miniatura persa. Me decepcionó un poco que no me hablara del olor a pies sucios, aceites rancios, perfumes vulgares o sudor corporal que emanaba de la princesa ni de las botas negras hasta la rodilla, las túnicas doradas, los pantalones de gamuza ni de los gorros y cuellos de astrakán que portaban los hombres. Lo bueno es que Pitol seguía resonando en mi oído derecho.
Feri me dio mucha flojera. No era la persona ideal para contar historias y de todas maneras había llegado mi hora de bajarme. Sentí un poco de nostalgia al abandonar el metrobús que me había provisto de un paseo maravilloso esa mañana. Busqué cuatro pesos en mi cartera y me tomé un pesero al Colmex. Pagué, me senté y sólo entonces me di cuenta de que me costaba mucho trabajo entender la parte final del Nocturno de Bujara en voz de Sergio Pitol puesto que el conductor del pesero había puesto la cumbia de moda a todo volumen.
De todas maneras, en el pesero no volaban cuervos miniaturas ni pasaban cosas extrañas. No lograba explicarme por qué el metrobús era tan especial o en todo caso, tenía tanta química con la voz y las historias de Sergio Pitol.
Tardé ocho minutos en llegar al Colmex. Llegué perfectamente puntual para mi clase de las nueve y media. Caminaba con cierta cautela por la explanada y luego por los pasillos de las aulas por si los cuervos miniaturas reaparecían o por si Lorenzo Meyer comenzaba a mover los brazos imitando el vuelo de las aves.
Nada de eso sucedió pero, unos estudiantes de maestría pertenecientes al Centro de Estudios de Asia y África me preguntaron si me hubiera gustado recibir un par de postales de Bujara y Samarcanda pues ellos las habían llevado para una exposición y no eran lo que se dice unos coleccionistas. Si yo no las quería, las iban a depositar directamente en la basura. Tomé a Bujara entre mis manos y la utilicé como separador para mi lectura en curso: el Dietario voluble. De Samarcanda dije: “Preferiría no conservarla”.
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Por último, considero importante mencionar que Vila-Matas, además de haber prologado el Nocturno de Bujara, es amigo y admirador de Sergio Pitol; de modo que debemos creerle cuando dice que “Nocturno de Bujara hay que multiplicarlo por cinco”; es decir, leerlo cinco veces seguidas, tantas como el número de los fragmentos que lo conforman, pues en cada lectura, se “multiplican sus detalles”, lo cual responde a que Nocturno de Bujara, habla del poder de la ficción. Sospecho de ahí, la naturaleza de mi homenaje.
http://www.enriquevilamatas.com/escritores/escrolvera1.html
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