En 1825, al final de su vida, Johann Wolfgang von Goethe (Francfort 1749-Weimar, Alemania, 1832), “el más grande hombre de letras alemán… y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra“, escribió una carta a Carl Friedrich Zelter, que moriría antes que él.
“Mi querido amigo, en el presente todo es ultra, todo tiene una trascendencia continua tanto en la forma de pensar como de actuar. Nadie se conoce a si mismo, nadie conoce el elemento en el que trabaja y evoluciona o la materia en la que se ocupa…. Se ejerce demasiado pronto una gran presión sobre los jóvenes que luego son arrastrados por la vorágine del tiempo; lo que todo el mundo admira y cada uno busca es la riqueza y la velocidad; el ferrocarril, el correo urgente, los barcos de vapor y los servicios de comunicación son los medios que el mundo desarrollado utiliza para avanzar y lo que hace que se atasque en la mediocridad. Este fenómeno es además el resultado de la generalidad, de la banalización de una cultura media, intentemos, en la medida de lo posible, mantener nuestro estado de ánimo y entonces, tal vez con algunos otros, seremos los últimos de una época que no volverá pronto”.
Como podemos deducir, la preocupación del hombre sobre el concepto del tiempo y su comprensión, será permanente, ¿qué tan cierto fue, es y será que a menor velocidad hay menos banalización del mundo, del ser, de la vida?










