Ciudad del fuego y el agua
(Fragmento)
Octavio Paz
Antes de fundar a México, los aztecas peregrinaron durante muchos años en el valle de Anáhuac. Una mañana encontraron dos misteriosos envoltorios: uno escondía un trozo de jade; el otro, dos maderos.
El jade significa agua y, por extensión vegetación y abundancia; los dos maderos, al frotarse producen el fuego, sin el cual es imposible la vida civilizada.
Agua y fuego son símbolos dobles: la primera quiere decir fertilidad y vida pero también muerte por inundación; el segundo es el origen de la industria humana y asimismo de la guerra y del incendio. Separados, son destrucción; unidos, creación.
La desmesura los transforma en agentes de muerte; el equilibrio, en fuentes de vida. La fusión del principio solar (fuego) y el terrestre (agua) se convirtió en el emblema de la nación azteca. Más que un símbolo fue un arquetipo, un modelo para la sociedad y los individuos.
El jeroglífico atl tlachinolli (atl: agua; tlachinolli: cosa quemada) quiere decir “agua quemada”. En el escudo de México se ve un águila (sol) que tiene en el pico una serpiente (agua): símbolo de la lucha entre los dos principios antagónicos y su final transgresión.
Los aztecas fundaron su capital en una isleta del lago. La llamaron México-Tenochtitlán. La primera palabra quiere decir “ombligo de la luna”. La segunda “lugar del nopal que da tunas”. Pero se trata de una metáfora, verdadera caja de sorpresas que oculta varios significados.
El lugar del nopal es la ciudad de los tenochcas: combate, corazones, sacrificio y transfiguración, es decir, fuego; la luna es vida y fertilidad: agua. En el ombligo, en el centro, rodeada de agua, elemento horizontal, fluido e informe, se levanta la ciudad, la acción que transfigura.
Otro sentido de esta imagen: armonía entre el principio masculino (fuego) y el femenino (agua). México nació de la unión del fuego y el agua. Vive por esos elementos y por ellos, varias veces, ha estado a punto de desaparecer.
Publicado en la revista Life (1962), rescate de Enrico Mario Santi.










