Clementina Batalla Torres nació el 13 de octubre de 1894 en Acapulco, Guerrero. Fue hija de Clementina Torres (1874–1905), originaria de Acapulco, y de Diódoro Batalla Leonis (1867–1911), abogado veracruzano, precursor de la Revolución Mexicana.
La vida de Clementina Batalla estuvo determinada en gran medida por dos figuras masculinas: su padre, quien respaldó su vocación hacia el estudio cuando no era común que las mujeres asistieran a instituciones de educación superior y —menos aún— que cursaran carreras liberales, y su esposo, Narciso Bassols.
Ella misma se describió como “una niña que desde muy chica tuvo mucho interés por las cosas de historia y política. También interesada en la literatura, y muy pequeña, de seis y siete años, cuando empezaba yo a leer, tomaba sin distinción los libros de la biblioteca de mi padre, que eran muy numerosos”.
Su avidez de conocimiento se nutrió lo mismo de novelas y obras de Historia europeas que de la vasta literatura política y poética del liberalismo mexicano; de los periódicos de oposición que editaban Filomeno Mata y Ricardo Flores Magón, así como de aquellos donde su padre criticaba al régimen. A decir de Ángel Bassols Batalla, su hijo, Clementina Batalla fue “una liberal juarista, legado de los grandes liberales del siglo XIX que don Porfirio se encargaba de mandar al diablo, defensora de la justicia y de los derechos humanos”.
Participó activamente en el Movimiento de Liberación Nacional en México que surgió en 1961, con Lázaro Cárdenas (1894–1970) a la cabeza y el apoyo de organizaciones obreras y campesinas, grupos de intelectuales y profesores universitarios para presionar al Gobierno y preservar, de esta forma, los principios de la política exterior —el de no intervención y de respecto a la autodeterminación de los pueblos, principalmente— que flaqueaban ante las presiones de Estados Unidos para alinear a México en su política contra la Revolución Cubana.
Fue profesora de matemáticas en la Escuela Normal, licenciada en derecho en la Universidad Nacional, su mayor sueño era el de llegar a ser Magistrada, pero no lo logró porque a partir de que contrajo matrimonio con Narciso Bassols en 1920, abandonó el ámbito público a petición de este.
No obstante, nunca dejó de leer, reflexionar y escribir, a veces, bajo seudónimo y de manera clandestina realizó trabajos que le solicitaron. Cuando murió su marido, ella contaba con 70 años de edad y decidió entonces, reingresar a la vida pública.
Es entonces cuando fue dirigente del Primer Congreso de Mujeres en Chile, presidenta de la Unión de Mujeres Mexicanas y precursora de la participación política de la mujer a nivel nacional e internacional.
Clementina Batalla murió el 8 de noviembre de 1987 en Guadalajara, Jalisco, a la edad de 93 años. Sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México y sepultados en el Panteón Jardín, al lado de su esposo.










