Nuestro Universo pudo haberse formado de otro Universo anterior
Mexicano demuestra un “antes” del Big Bang
Todos conocemos o al menos hemos escuchado hablar de la teoría del Big Bang, según la cual, el universo en el que vivimos fue creado a partir de una gran explosión cuya expansión aún continúa y continuará mientras exista el universo. Sin embargo, desde hace unos años, está surgiendo una hipótesis alternativa sobre el origen del universo aún más llamativa e interesante -al menos desde el punto de vista de su novedad- que propone que nuestro Universo surgió a partir del colapso de otro Universo anterior muy parecido al nuestro, lo que significaría que nuestro Universo es hijo de otro Universo.
En el 2007 Martin Bojowald, un profesor investigador en la Universidad de Pensilvania, publicó un artículo en la revista Nature Physics en el que introduce un nuevo modelo matemático que sugiere que nuestro universo podría ser fruto de un Big Bounce (gran rebote) acaecido en un universo anterior muy parecido al nuestro, en lugar de haber sido originado por un Big Bang (una gran explosión).
La investigación de Bojowald también sugiere que, aunque es posible aprender muchas propiedades sobre el universo anterior, la gente siempre dudará sobre algunas de estas propiedades porque sus cálculos revelan la existencia de una “amnesia cósmica” que resulta de las fuerzas cuánticas extremas que actúan durante el Big Bounce. Esta “amnesia cósmica” hace imposible, según Bojowald, conocer detalles acerca del universo anterior al nuestro.
Sin embargo, un científico mexicano Alejandro Corichi en colaboración con Parampreet Singh, del Instituto de Física Teórica de Canadá, parecen haber superado esa amnesia, al desarrollar un modelo exacto que explica teóricamente cómo fue el universo antes de la Gran Explosión.
Por esta propuesta sustentada en un modelo propio, el investigador del campus Morelia de la UNAM es uno de los 10 científicos menores de 45 años que han sido galardonados con una beca por la Sociedad Internacional para la Relatividad General y la Gravitación. Esa organización reconoce “sus contribuciones significativas a la gravedad cuántica de lazos y su liderazgo en numerosas iniciativas para la comunidad internacional ” en ese campo del conocimiento.
Al modificar la teoría LQG (Loop Quantum Gravitity o Gravedad Cuántica de Bucles) con la inclusión de una ecuación clave llamada de restricción cuántica (genera así la versión LQG de dicha teoría), han conseguido demostrar que las fluctuaciones relativas de volumen y cantidad de movimiento pertenecientes al universo anterior al rebote (Universo pre-bounce) fueron conservadas a un lado y otro de dicho rebote.
“La cosmología cuántica de lazos supone que el universo es homogéneo y, para describirlo, basta con concentrarse en una porción grande de él, que contenga millones de galaxias, pues ese fragmento cósmico será parecido al resto”, detalló Corichi.
La conclusión que sacan los físicos de esto es que ese otro Universo gemelo tendría las mismas leyes físicas y la misma noción temporal que el nuestro; de hecho, “vistos desde lejos, ambos universos no podrían distinguirse el uno del otro”, afirmó Singh en PhysOrg.
Nuestro universo actual, de aproximadamente 13.700 millones años de edad tras el Big Bounce, compartiría así muchas de sus características con el Universo anterior cuando éste tenía la edad de 13.700 millones de años antes del rebote. En cierto sentido, nuestro Universo y su gemelo serían imágenes especulares el uno del otro, con el momento del Big Bounce como línea de simetría.
Ambos universos se parecerían, por ejemplo, en que los dos seguirían las mismas ecuaciones dinámicas o en que tendrán la misma cantidad de materia contenida y seguirán la misma evolución. Pero el gemelo, al contrario que nuestro Universo, se está contrayendo, por lo que sería como si viéramos caminar a nuestro propio Universo hacia atrás en el tiempo.
Alejandro Corichi explicó que, según la teoría de la relatividad general, planteada por Albert Einstein en 1915, vivimos en un universo dinámico y en expansión que se originó hace 13 mil 700 millones de años.
“En ese sitio, los diferentes parámetros físicos, como temperatura, densidad o energía, se fueron al infinito. Si se hiciera un viaje hacia el pasado, a los inicios del cosmos, se vería cómo la temperatura se incrementó y todo fue cada vez más denso, hasta llegar a serlo indefinidamente”, abundó.
Según Corichi -doctor en Física Teórica por la Universidad Estatal de Pensilvania, Estados Unidos- en un instante la relatividad dejó de funcionar y, por ello, se requiere una nueva teoría que ayude a saber qué pasó.
Esa teoría es la gravedad cuántica, que trata de conjuntar la relatividad general de Einstein y la teoría cuántica, que describe lo que pasa en los átomos y en su núcleo.
La teoría logra que las ecuaciones se simplifiquen tanto que se pueden resolver de manera exacta. “Eso permitió avanzar y hacer preguntas que antes no se planteaban. Por eso, este modelo da soluciones precisas, sin infinitos”, precisó.
A pesar de que esta teoría tiene muy poco tiempo de haber nacido, ya cuenta con algunas objeciones dentro del amplio mundo de la física. Una de las principales objeciones a la teoría del Big Bounce es la evidencia largamente acumulada que parece indicar que nuestro universo está destinado a un Big Freeze (gran enfriamiento) en lugar de a un Big Bounce. Sin embargo esta evidencia no excluye que nuestro universo sea el último eslabón de una larga cadena de explosiones y contracciones.
Otra objeción es que la teoría del Big Bounce implica que la entropía puede ser reversible, lo cual viola la segunda ley de la termodinámica.
Corichi añadió que el origen del universo y su descripción dentro de algún formalismo cuántico es uno de los grandes problemas abiertos de la física teórica contemporánea, en particular la “gravitación cuántica”, principal área de investigación del universitario.
Corichi terminó en 1991 la carrera en Física de la UNAM. En 1993, la maestría en física de la Universidad de Syracuse, Nueva York. En 1997 logró el doctorado en Física Teórica de la Universidad Estatal de Pensilvania. En 2001 fué investigador en la universidad de Mississippi y en 2007, en el Instituto de Gravitación y el Cosmos de la Universidad de Pensilvania. Entre sus reconocimientos descata el Collegiate Scholastic All American de la US Achievement Academy y el Premio Prisma Casa de las Ciencias a la Divulgación Científica.












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